Luna perdida.

El sacerdote de la Luna ha marchado de rodillas,
a recorrer cuencas, mares, cientos de millas.
Pagando penitencia hasta el fin del día.
Esperando su hora para decir que lo sentía.

Dentro del templo había gritado.
por que la luz de la luna no sólo a él había alumbrado.
Exigía retribución por todo su esfuerzo.
quería un trato especial por todos sus rezos.

Cierto era, que nadie más que él se esforzaba tanto.
cierto era que llenaba la noche de la luna con sus cantos.
cierto era en su mente nada más importaba,
que la felicidad de la luna, de su amada.

Y cuando la luna entro esa tarde en el templo,
y su luz barrio lánguidamente el suelo.
Llegó por igual para devotos y blasfemos
y el se ofendió de no haber sido el primero.

¿Para que me nombraste de todos tus seguidores el más querido?
¿Para que sirvió mi esfuerzo? ¿el sueño perdido?
Todo con tal de entregarte una sonrisa
¿y no eres capaz de alumbrarme en mi misa?

La luna no sonrió más y se apago de pronto.
Ya no estaba, ni su luz, ni su fuego ni su contorno.
De las entrañas de la gente subió un murmullo de miedo,
que se trastoco en rabia, inseguridad y cayo en su pecho.

El sacerdote de la Luna ha vuelto de rodillas,
a recorrido cuencas, mares, cientos de millas.
Pagando penitencia hasta el fin del día.
Esperando su hora para decir que lo sentía.

Con la eterna esperanza de que ella,
aun a pesar de todo, sabría que lo sentía.
Con la esperanza de que ella.
nuevamente volvería.

 

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