El Alud de tu boca.

Caos, desorden,
alud de fuerza en orden.
ideas que brotan,
tan calientes que queman,
consumiendo todo lo que encuentran,
sin conciencia que las detenga.

Nacidas del más puro odio,
de la rabia contenida.
y brotan del crater de tu cara.
Palabras insolentes,
con las lineas de sus letras pulidas,
afiladas,
listas para crear heridas,
para formar yagas eternas.
heridas que menos sanan,
si quien las esgrime está más cerca.

Ideas que se ensañan
sin importar si es que te ama.
Ideas que arrasan,
atravesando el cuero
y se entierran adentro.
ardientes opiniones,
que duran eones
y destruyen el mundo,
un mundo hecho por ellas,
un mundo hecho para ellas.

 

Ruinas

 

De luz un punto,
una estrella, una mota.
Una hoja que al viento flota.
¿Queda algo más en este mundo?
¿En este sueño en bancarrota?
¿Algo aparte del tiempo inmundo,
que mata todo lo que toca?

Alrededor de la luz la sombra,
el manto del olvido hambriento,
¿Dónde quedó el reino opulento?
¿qué pasó con toda su obra?
los muros nacidos del tormento,
Los lagos brotados del lamento,

Las ruinas de un mundo entero,
¿podrá alzarse la vida en ellos un día?
¿volverá a crecer en el la melancolía?
¿o es verdad que ya esta todo muerto?
¿podrá aquella estrella perdida,
revivir el sentimiento dormido?

Duerme mundo mientras,
abrazado en tu propia sombra.
Duerme, como un niño pequeño.
hasta que llegué de nuevo el día.

Te extraño

Se siente raro cada minuto,
cada pedazo de tiempo,
cada instante,
cada momento,
esos que a tu lado no paso.
¿sabrás acaso cuánto me haces falta?
¿sabrás acaso cuánto te extraño?
cuánto me carcome cada día tu ausencia.
cuánto pierde mi vida cada segundo,
con el abrasivo toque de tu recuerdo.
Y como arde,
cada silencio que por ti no es llenado,
cada llamado,
que en su vuelo no te alcanza.
cada lanza,
que en tu pecho no hace diana.
cada pausa en el tiempo,
cada noche,
cada mañana.
cada estrecho hueco,
por el que la vida se escapa,
Qué no daría por verte de nuevo,
volver a escuchar el latido de tu cuerpo.
algo, cualquier cosa,
algo que no sea el segundero
que se esfuerza en rellenar cruelmente
otro instante en que no te veo.

 

Duele

Duele,
la mano que no quedó marcada en su pecho,
la tibieza no sentida,
la recaída.
Cada palabra esgrimida
que su blanco no ha alcanzado,
cada caricia,
cada sonrisa,
cada gesto perdido en el espacio.
La distancia,
la paciencia,
la esperanza perdida
y el puesto vacío en la mesa.
¿cómo llenar el vacío que dejan,
tus pies fríos y tus manos inquietas?
Sus ojos se esfuerzan en llenar el espacio,
pero nunca es suficiente llanto,
y duele
porque nunca es suficiente
nunca, para quien ha esperado tanto.

Tu última despedida

 

Atrapado en mi orilla,
con los pies hundidos en la arena,
con el alma empapada en pena,
observo tu partida.

Y aunque tu barco partió hace tanto tiempo,
aún veo sobre el horizonte tu largo mástil.
una luz plateada, brillante y frágil,
un farol diminuto meciéndose al viento.

Y como una polilla,
estoy atrapado en esa candela,
aunque no se vea ya ni quilla ni velas,
nada de eso desde mi orilla.

Quien diría que verte partir lento,
desapareciendo metro tras metro bajo el horizonte,
sería aun más doloroso que antes,
cuando para no verte bastaba sólo que soplara el viento.

Y porque sé que no habrá esta vez un regreso,
es que no puedo dejar de mirar tu partida.
Pues sé que es esta tu última despedida,
tú última aventura, el último gran suceso.

Ve en paz, amada mía,
A aquella nueva tierra, a aquel nuevo reino,
quien sabe, quizás pronto nos vemos,
quizás ahora, quizás otro día.

Quizás cuando lo decida,
el tibio lino o el frío hierro,
el calor del plomo, o la caricia del acero,
o el el dulce amargor de una piadosa bebida.

Mas mientras tu luz siga en mi horizonte,
seguiré mirando aquella falsa esperanza,
pues aquella luz es lo último que queda,
mi último fin, mi último norte.

 

Imagen tomada de:

https://pirataconrumboalaluna.wordpress.com/

La celda

Desde la pared,
la cadena se despliega y se separa,
desde la pared,
como una víbora serpentea,
se estira, se contrae, se ladea,
sin dejar de morder.
Desde la pared,
hasta su muñeca,
afirma la cadena a su presa.

Y mientras él lucha,
por liberarse del hierro,
caen las lagrimas
y dibujan en el suelo,
constelaciones de lamentos,
estrellas mojadas,
recuerdos de tormentos.

Mientras, el aire se nubla,
se ensombrecen los sueños,
toman consistencia el gemido,
Y con rabia salen de su cuerpo,
silenciosos, invisibles,
hasta tocar el techo.
Salen sin hacer ruido
desde un agujero en su pecho.

Mas frente suyo no hay una reja,
no hay puerta, no hay cerradura,
Sólo le retiene la férrea atadura
y el doloroso masoquismo de la conciencia.
Al otro lado, brilla la tierra,
iluminada por un solo cálido y atento,
Caen las hojas, soplan los vientos.
Es la celda una sombra,
un paréntesis de tiempo.

Una mano que, empuñada,
no se desliza por la apertura del grillete,
pero que, abierta,
saldría sin esfuerzo siquiera.
¿por qué entonces no suelta?
¿por qué entonces no corre hacía la tierra?
¿por que no abre la mano
y corre hacia esa otra,
que en lontananza espera?

El misterio esta dentro de la mano,
donde ha atrapado una estrella,
estrella que, tiembla de miedo al pensarlo,
escapará si es que la suelta.
¿por qué dejar ir la belleza,
la felicidad que su mano aprieta?
No importa la pared y su serpiente,
ni las húmedas estrellas en el suelo,
no importa el techo opresor.
No es esa su celda,
su celda, es ella.

 

Diosa

Un espejo en el cielo,
una diosa enmarcada,
una diana plateada
donde dirigir nuestros versos.
Te elevaste de la espuma
del vientre de tu madre
y dominaste,
como una Diosa,
todo lo que tu sombra toca.
Se te honra, día a día,
en verso y en prosa.
y aunque el tiempo te haya,
llevado muy lejos,
donde no te tocan
más que las palabras y sus ecos.
Déjame decirte que aun quedan,
entre riscos y penan,
los que a tu imagen rezan.