EL hilo imaginario.

¿Acaso no es irónico este mundo?
¿Acaso no divierten sus coincidencias?
¿Acaso no cuesta convencer a la conciencia,
De que en verdad no hay un destino injusto?

Si se esfuerza en cruzarnos
gente al camino,
que se vuelven importantes
como si les conociéramos de antes.

Lugares que no habíamos pisado antes
se sienten como conocidos,
y empezamos a ver señales,
a ver mensajes, a ver guiños.

¿Acaso es tan simple nuestra mente?
¿Tanta la necesidad de un destino?
El mundo se vuelve importante,
Y parece, sí parece, posible el buen sino.

Y de pronto la burbuja explota
Y el mundo continua el giro.
Se quedan atrás las coincidencias,
se aparta el toque divino.

Y, como soltados de la mano,
caemos de nuevo al vacío
Y la trascendencia, el objetivo,
desaparecen en un suspiro.

 

Tu Eco.

Aun reverbera,
el eco de tu voz,
la música de tu risa,
en mi cabeza.

El corazón se vuelve estrecho,
ante la insinuación,
ante la mera posibilidad,
de tu recuerdo.

Vibra la mente
y se recoje el cuello, inquieto.
Aun reverbera
en mi mente tu eco.

El eco de tu voz,
el eco de tu mirada,
el eco de tus manos,
el eco de tu cuerpo.

Y sé,
aunque no concuerdo,
Que aun bebiendo el Leteo entero,
Siempre quedaría aquello.

Tu Eco.

El tiempo y las palabras.

Y aquí estamos,
escribiendo en la nada,
lineas efímeras dibujadas en el aire,
letras que algún día morirán en el olvido.
Una breve marca en el tiempo,
en la vida de alguien, un instante.
Donde el tiempo, algún día funesto,
con su garra se llevará el contexto,
la esencia, la fuerza, el alma.
Hasta que ya no seamos ni un recuerdo,
Ni una mella, ni siquiera una llaga.
Donde todo, todo, lo borra el tiempo,
condenadas están las palabras.

Cuando mueren las letras

¿Qué hacen las letras,
cuando han perdido su meta?
¿Dónde se van las ideas?
¿Dónde los pensamientos?
¿Donde van cuando ya no existe el cuento?
¿Donde cuando “El fin” ya se ha escrito?
¿Existe para los sueños rotos, un paraíso?
¿Un Edén, un Val-halla, un Nirvana?
Un… ¿mañana?

En el vacío.

Negro sobre negro,
el abismo al descubierto,
estallido de estrellas,
desperdigados sus restos.

Donde la luz no llega,
donde no brilla la esperanza,
donde el emblema del desamparo,
flamea en la punta de una lanza.

Trinan las aves en el nido vacio,
trinos sin fuerza.
Trinos sin ruido.

En el vacío,
en el frío eterno
de aquello que una vez fue
y de lo que nunca ha sido.

Donde la única salvación,
ya se ha perdido
y donde la última isla,
vaga en el olvido.

Donde nada queda,
donde la sombra ya no toca,
donde todo lo que era,
se empolva.

Negro sobre negro,
se funde el sonido,
la última nota.

Escriptofobía

Que tape la mano,
en rápido vuelo,
que no vean, que no lean,
que no se asomen al texto.

Shhhh… silencio,
Que no quede algún hueco,
por donde se atisbe el alma
y se escapen los versos.

Que no se vean las letras
pegadas al libro sus hebras.
al cuaderno, a la nota,
hecha ventana la hoja.

Que se alcé el brazo
se arquee el cuerpo,
que lo nuestro siga siendo,
exactamente eso.

Sólo nuestro.

Atazagorafobia

No quisiera ser,
la hoja en el otoño de tu mente,
aquella brisa,
que por azares del destino,
rozó apenas tus cabellos,
la cosquilla en tu cuello,
La risa,
que murió antes de ser sonrisa.

No quisiera ser,
esa mancha en el fondo de tu retina,
un deja vu apenas,
una forma vagamente conocida,
una sensación,
apenas un recuerdo,
apenas un segundo de tu vida.

Si vivimos para siempre en los recuerdos,
si mientras se nos piense nuestra historia no termina,
¿No morimos cada vez que alguien nos olvida?
Cada vez que alguien nos efimeriza.
No quisiera ser tu olvido,
no quiero morir en vida.

El Fin

Y se acabo el cuento,
se acabaron todas las páginas,
las hojas que se llevó el viento,
el eco de los lamento,
la fuente de las lagrimas.

hoja tras hoja, avanzando
aun cuando se veía la contratapa.
Pero ¿dejamos de leer?
No, en ningún momento.
No importó seguir la marcha.

¿Qué importa ese futuro no incierto?
¿Que importaba la inminencia?
Se avanza paso a paso,
página a página a conciencia,
tratando de ver medio lleno el vaso,
sabiendo que la vida no tiene clemencia.

Y cae la última hoja,
de la adicta obra,
cruel telón en blanco
y buscamos,
en vano y desesperados,
ese continuará por todos lados.

Pero no hay nada,
la hoja sigue en blanco
y sobre ella cae la tapa.
Y sobre esta una mano
definitiva, huesuda, blanca,
cerrando la fatal contratapa.

Y una voz macabra y fría dice
—No conserves la esperanza,
no todos los finales son felices,
Ni todos los cuentos parte de una saga.
Hay historias que cuando acaban, acaban.
Y las huellas,
de nuestro viaje por ellos,
marcada, no en sus páginas,
sino en nuestra alma.

Muerte

Y desde el horizonte la Muerte alzó la quijada,
su mirada, a la sombra acostumbrada,
atravesó de lado a lado el mundo abandonado
sin olvidar de escrutar, ningún lado.

Esgrimió la guadaña, en su huesuda mano,
a la espera que sus predecesores hubieran acabado,
a que ya no quedara esperanza resguardada,
a que no quedara por salvar más nada.

Pues en ese momento,
cuando todo hubiera acabado,
bajaría su mano y su segadora arma,
y acabaría por segar de este mundo su alma.

De este mundo en agonía,
brotan estas palabras.
pronunciadas por las últimas esperanzas,
que quedan en sus ruinas escondidas.