Todo lo que queda

Lo que queda de nosotros,
de lo nuestro,
lo llevo aquí clavado al pecho,
en un clip enredado
apenas una nota pegada
¿Puedes creer que sigue enganchado?
¿puedes creer que aún esta allí ligada?
A pesar de los terremotos,
a pesar de las tormentas,
a pesar de los tornados.
Sigue ahí clavada,
como si su vida dependiera de eso.
Y tal vez así sea,
o lo contrario quizás,
y sea mi vida la que depende
de ese trozo de memoria fugaz.
Quizás  no es él el que se aferra,
con dientes y garras a mi corazón
sino yo el que no lo dejo marchar.
¿será el miedo a que pueda volar?
¿a que no pueda volverlo a encontrar?
No lo sé.
Así que mantendré la mano encima,
de lo queda de los dos.
No se vaya marchar,
no se vaya a caer.
sea a quien sea le cause el dolor.

Cartografía

Calles retorcidas,
sinuosas avenidas,
callejones delicados,
o carreteras marcadas a fuego.

Para cada quien se dibuja
un mapa tan distinto,
aunque su nombre sea el mismo
para tu vida o la mía.

El dolor y la desesperanza
son su dibujantes más notables.
¿Te haces ya una idea?
Sí, has estado ahí antes.

¿Que ciudad es aquella
con ese mapa sobre piel escrita?
¿cual es el nombre de esa urbe
de pardas y rojizas vias?

 

La última luz.

De todas, quizás la más pequeña.
se deslizó por pasadizos ocultando su estela.
cerrando ojos y oídos a influencias externas
había evitado los efectos de la guerra.
No huiría ¿cómo hacerlo?
¿no era este acaso también su mundo?
allá fuera sólo la querían muerta.
Bajó flotando las escaleras,
suave, como un velero a vela.

A su alrededor los dientes tronaban,
al  lado de las paredes de tierra.
¿Cuánto más debería bajar, para estar segura?
¿Cuánto más huir, por su existencia?
¿Cuánto tiempo esperar para evitar la muerte?
¿Cuánto más le quedaba de suerte?

Aprovechando su tamaño,
atravesó minúsculas grietas,
paso a paso, cada vez más adentro,
cada vez más cerca del centro
hasta encontrar un refugio,
un viejo y abandonado capullo
de seda envejecida de amarillo,
bajo el cual no se viera su brillo.

Y ahí se quedo oculta,
ahí se quedo dormida,
quizás para siempre,
quizás hasta otra vida,
dónde los lobos no la busquen,
dónde la Luna nuevamente exista.

 

Barras y estrellas de zafiro

Moviendo las manos
abres la boca
y arañando la espuma,
suben las olas,
buscando la altura
buscando tocar
las estrellas de zafiro.

Compartiendo las letras
compartiendo lo sentido,
que se llene el planeta
de gules y de oro.
y en fila, las banderas,
honren tu atrevimiento
u honren tu decoro.

Ella

 

 

Querida amiga mía
la paciente amiga de todo el mundo.
Tú que esperas para siempre hasta al más reticente
hasta las eternas letras caen, bajo tu guadaña certera
La Blanca                              Muerte                              La seria
AhPuch                                 Baata                                  Az’rael
Iama                                   Mocha                                   Hela
Catacha                          Perséfone                               Aita
Catrina                     la fiel esposa                      Tú Ella.
Poco importa bajo que nombre te llame
vana jamás    harás   la espera.
¿Es hora ya     de     invocarte?
¿hora de abrirte la puerta?
No, falta para la hora negra
Mas mantente cerca,

¿Oyes?

¿puedes oírlo?
¿Los pasos allá afuera?
como avanzan las ovejas en fila,
como avanzan sin espera,
como enfilan hacía el matadero,
donde no los salvara el consuelo.
La muerte negra se alza recta,
y en su boca: negra sentencia,
de sus ojos, hechos de Brea,
escapa el hedor de la nueva era
mientras su mano se eleva
y su dedo nos apunta
remarcando su condena.
¿Puedes oírla siquiera?
¿Cómo su risa reverbera?
En cristales empolvados,
en el piso que tiembla,
es el quejido de la tierra
subiendo por tus piernas.
No, no son los nervios,
no, no es la tristeza,
es empatía negra,
su dulce alimento,
su azucar morena
¿puede   ya  oírlo?
¿podrás a tiempo?
el dedo muerto
que se acerca.
Cierra los ojos,
y escucha,
desespera.
Es ella,
Ella.

Pienso en ti

A veces pienso en ti,
y en la promesa de tu silueta
recortándose contra la puerta.

A veces pienso en ti,
y el mundo se me paga,
todo lo que tengo se vuelve nada.

A veces pienso en ti,
Y todo lo que he logrado,
en un instantes se ha esfumado.

A veces pienso en ti,
y recuerdo
que aun no te he olvidado.

Y es entonces que se achica
el corazón dentro de mi pecho,
y como un ave al acecho,
la melancolía cae sobre mi dicha.

y de un zarpazo arranca todo
y me deja desde cero.
Y empiezo otra vez, de nuevo.

Hasta que pienso en ti.

¿cuanto dura la culpa?

¿Cuánto dura la culpa?
¿Cuánto dura el tormento?
¿Cuánto dura el lamento?
¿cuánto dura la duda?

¿Cuándo cierra la herida?
¿Cuándo el dolor cesa?
¿En verdad alguna vez termina?
¿en verdad deja de arder la afrenta?

Apenas nos mantenemos de pie,
con los corazones hechos pedazos.
Sosteniendo los trozos con las manos,
orando por no caer.

heridos y haciendo daño,
¿acaba alguna vez el ciclo?
¿o seguimos, año tras año,
alargo nuestro suplicio?