Hijo del recuerdo

Eres el hijo de la sabiduría
su agudo mancebo
rápido como el pensamiento
llegas casi siempre con un lamento,
o con un grito —dependiendo del momento—
¿cómo lo hacen aquellos,
que te buscan dispuestos
a compartir contigo su cama
su piso sus íntimos momentos?
Hijo de la experiencia
vas armado de pies a cabeza.
¿Tendré yo la entereza
de soportar tu visita constante?
Aunque trate de ir por delante
terminas siempre dándome alcance.
Hijo del conocimiento,
déjame olvidar tu nombre al menos,
ahora cuando ese otro,
al que pertenece ese rostro
te invoca a diario,
armado y dispuesto,
a atravesar mi pecho
con tu tridente de recuerdos.

Radnased

Y volvió a pisar las falsas calles,
a reflejarse en ojos desconocidos.
La máscara bien puesta,
los sentimientos escondidos.
Los pies bien cubiertos con el manto,
torcidos, dándoles la espalda al camino.

¿Cómo avanzar por el camino,
cuando el lastre es uno mismo?

Y deambuló por las antiguas calles,
sin rumbo ni destino.
¿Para que preocuparse siquiera?
Cuando la idea se ha hecho carne,
cuando se ha vuelto uno mismo,
No hay manera de evitar su sino.

¿Cómo desprenderse del pasado,
cuando alimenta nuestro egoísmo?

y siguió recorriendo su pasado,
a sabiendas que cada paso que daba
lo llevaba más cerca del abismo.
Como una polilla a la llama,
indefenso ante su poderío,
indefenso a su propio masoquismo.

¿Cómo salvar al alma oscura
que gusta de castigarse a si mismo?

Su sombra languidece y se hunde,
el manto vuela bravío.
Se abren las costras nuevamente
por los cristales que adornan el camino.
La mirada se vuelve al escuchar el aullido.
La noche se disuelve,  el rey se ha ido.

Río

 

                          Y mientras,
corre el tiempo como el Nilo,
te mantendré aquí dentro, durmiente,
como la roca bajo la corriente,
de la vista de todos, escondida,
adivinada sólo por la herida
que hiende mi  cauce,
torbellinos en la superficie de mi vida,
visible sólo por las señales
que provoca tu mera existencia.
Hundiré así tu presencia,
muy adentro de mi mente.
lo más lejos del roer del tiempo,
bien al fondo de mi torrente,
tesoro del baúl de mis recuerdos.

Donde la Luna ya no brilla

Donde la luna ya no brilla.
De la luz imperecedera
duermen las semillas
debajo de la tierra.

Yace la esperanza maniatada
en capullos de papel mache y madera,
larvas de una vida pasada,
larvas de otra era.

¿Volverán a elevarse las Actias Luna,
En las noches sin estrellas?
¿Ahora que la Luna ya no brilla,
volverán a brillar ellas?

Duermen los capullos bajo tierra,
cubiertos de rutina y olvido.
Ocultos de la ruina y de la guerra,
Sólo confiando en el Destino.

Dice la profecía de la espera,
de aquellos que el rostro esconden.
“Volverá a remecerse la Tierra,
cuando atraviese el cielo su nombre”.

“Se derrumbarán los montes,
se separará el suelo,
brotarán d aquellos que se esconden
sus manos estirándose al cielo”.

Cuando se cumpla la profecía,
todo comenzará de nuevo,
Sed, mientras, albores del nuevo día,
encerradas dentro de vuestros huevos.

Sed, mientras, la esperanza escondida
detrás de la máscara del secreto,
Donde la Luna ya no brilla,
donde duermen hasta los sueños.