Los corredores.

Un sujeto alto y otro bajito,
van corriendo la rotonda,
haciendo ejercicio.
El alto va a paso ligero,
el bajo, mucho más despacio.
Puntualmente, a las doce,
comienzan ambos su ejercicio.
y cada vez que el otro le pasa,
su reloj, el pequeño mira.
Ya cinco veces, le ha alcanzado
¿Puedes tú, lector querido
Decir que hora marca el aparato?

La marca

Por ti,
adopté la marca,
por ti,
la incluí en mi vida.
esa vida, que antes de conocerte,
era una historia ya escrita,
hecha a medida,
un relato sin correcciones,
hasta que llegaste tú,
tú y tus pasiones.
Y mis paginas,
sin un sólo manchón de tinta,
se llenaron de anotaciones,
notas al pie y subrayados,
y, sobretodo,
tantas interrogaciones.
Y mis versos,
ordenados antes,
se dispararon dispersos
rindiéndole culto al Kaos,
un culto a la Luna,
a su hado,
a su multitud de facetas
y a su presencia
a veces oculta,
pero siempre ahí al lado.
Fue por ti,
Que adopte la marca
Aquella Luna misteriosa
que cierra todas mis preguntas.

 

El viejo equilibrista

Un viejo equilibrista encorvado,
sobre su bola
se le ve bailando cansado.
Siempre al final de la línea,
siempre cerrando la marcha,
pues cae de espaldas
si decide comenzarla.
¿Cual es el nombre
del hombre al que miramos con duda?
¿Cual es el nombre
de este viejo que nos hace preguntas?

Como si fueras Otoño

Bailó tu falda en el aire,
cayo tu blusa al suelo,
tus medias y tus encajes,
dibujaron ondas en su vuelo.

Y te plantaste ahí delante,
tan efímera como un sueño.
tan eterna como el tiempo,
tan imponente como un gigante.

Como cuando llega el otoño,
empezaron a caer tus hojas.
Separada la piel de tu carne,
se deshizo, como nieve roja.

Voló tu pelo al viento,
enhebrándose en la brisa,
y como un diente de león herido,
se fue, enredado de tu risa.

Se fundieron tus ojos,
se deshicieron tus huesos,
cayó el polvo y el agua al suelo,
calló tu ruido y reinó el silencio.

Y aún así, siendo nada.
sigues imponiéndote ahí parada.
Imperiosa, Dominante.
Digna de tu estirpe Atlante.

Podrás ser sólo un eco,
podrás ser la sombra de un recuerdo.
Mas las marcas que dejaste en mi cuerpo,
no las borrará ni siquiera el tiempo.

El ciclo

Y cuando piensas que todo ha acabado,
que el lago se ha secado
y ya no corren más los vientos.
Brota agua de nuevo,
salada como la angustia.
¿Qué sabe la tierra de sufrimiento?
¿Que sabe ella de los muertos?
¿que le importa la planta mustia?
¿que sabe ella del fondo seco?
El ciclo aun no ha acabado,
eso es todo lo que le concierne.
Por eso, siempre vuelve,
a llenar el dique nuevamente,
ahogar a los que están vivos y,
cuando llegue de nuevo el momento,
matar de sed a los que vieron en ella
su sustento y su alimento.
Todo termina
para comenzar de nuevo,
nada más importa,
sólo el ciclo del lamento

Del latín, Tripaliare.

Hoy no he escrito nada,
Kronos ha sido inclemente.
He intentado tomar el lapiz
Y él, muy atrevido, me ha enseñado los dientes.

—No —me ha dicho,
—Usted vuelve a su silla,
se pone el traje, anuda la corbata
y se encierra en la oficina.

—Mirad que quería escribir el hombre
condenado a la vida corriente.
Usted se concentra en lo mundano
y se queda trabajando cueste lo que cueste.

Y así como, sin comida el poeta se muere,
obligado estamos de seguir trabajando.
Pero por mientras, un par de versos disimulados,
No se vaya a desacostumbrar la mano.

No se vaya a desacostumbrar la mente,
de tanto nutrir al cuerpo esclavo.
No, que cante el alma oculta.
mientras Cuerpo y yo, trabajamos.

Mi amigo, ese desconocido

Ese triste momento
cuando algo que creímos eterno
se nos muestra tan distinto
de como los evaluamos en un principio.

El amor de tu vida,
tu mejor amigo,
el socio perfecto,
la sonrisa querida.

Y en una iluminación de conciencia
se nos revela de pronto
como un mero desconocido
tan solo otro nombre en la agenda

Sólo otro contacto de tus redes,
¿Negaremos acaso que duele?
Cuando aquel antes tan cercano
le sentimos sólo como un extraño.

¿Y aprendimos de esto acaso?
No, seguimos errando en la vida,
a la experiencia le gustan las mentiras,
olvida lo aprendido, allá de nuevo vamos.

El rey exiliado

Cada vez que se alinea,
la Luna con el cielo estrellado,
coge el Rey exiliado,
su máscara nívea,
su manto estropeado,
y regresa a sus tierras natales
en busca de lo dejado.

Vaga por vías conocidas
degustando el pasado,
buscando aquello que ha dejado
atrás en el olvido.
No es sencillo,
pues a veces ni siquiera recuerda,
Que busca con tanto anhelo
entre almas y entre piedras.

Hasta que el tiempo se acabe
y los aullidos lo obliguen
a volver al reino salvaje
a yacer, semidormido.
Escondido,
hasta que la convergencia
dure para siempre,
y pueda vestir la mascara y su manto
eternamente.

Efímero toque

Cual insecto,
posarme en la flor de tu boca,
tan sólo un instante,
un delicioso tocar,
y, antes que te des cuenta,
echarme a volar.
No vaya a ser como antes
y que esta sensación tan loca
nuble mi intelecto.

y me pierda
de nuevo en la luz de tus ojos
Así como la Actias de aquel mundo muerto
se perdió para siempre,
por la luz y la sombra de la Luna.
No, mejor vuelo lejos aunque cueste,
aunque tenga que dejar atrás mi cuerpo,
Y es que es muy fuerte el antojo
de entrar por esa puerta.

y olvidarme
de todo el mundo y sus cadenas,
caer en tus manos de nuevo,
y arrancarme las alas con fuerza
No, Debo volar lejos.
De vuelta a mi melancolica tierra,
a cuidar de lobos los huesos,
y sobrevolar la tristes almenas
y los ajados estandartes.

Por eso,
efímero toque
y un vuelo.