ojos llenos de estrellas

Cachorro adorado,
ojos de estrella,
perdida la vista,
más lejos que ellas.
llora mi alma,
con tus aullidos.
Llora mi alma,
con tus quejidos.
Dame tu pata,
viaja conmigo,
quizás sea de noche,
quizás haga frio,
quizás haya bestias
por el camino.
Escóndete aquí dentro,
en este hueco mio.
No tiembles cachorro,
no tiembles mi niño.
Siempre habré de velar
por tu destino,
aunque nunca lo sepas,
aunque nunca lo entiendas,
aunque nunca tus ojos vean,
nada más que las estrellas.

El Renacer es frío

Los ojos cerrados, de frío.
El cachorro niño se acurruca al lado de sus madres, el invierno es inclemente con su frío. ¿Por que él está desprovisto de vello mientras que ella llevan semejante abrigo? Confundido intenta pensar e inconsciente eleva la vista buscando respuesta. El zarpazo no se hace esperar y le devuelve a la Tierra y dos lineas más de memorias se escriben en su rostro arañado.

—Pues para ser el elegido, voy bien vapuleado—

El gruñido le ordena silencio, obediencia, el cachorro niño se acomoda cabizbajo mas, de reojo, no puede evitar mirar el vacío en el cielo estrellado.

¿Que es lo que extraño? se pregunta, una vez están los ojos cerrados.

Y duerme.

Y sueña.

Con su cuerpo desnudo cubierto de vello, del color de la nieve y de los ojos de la abuela, Se eleva, con suavidad pero velozmente va dejando poco a poco la Tierra. Estira los brazos y sus patas tan extrañas a los cielos, a esa fuerza que desde el vacío le llama.

Y despierta. El frío de la tarde le despierta, ya se ha movido la manada. Una de sus madres le llama y el cachorro niño parte tras ella. Las patas moradas por el hielo.

El cachorro niño cierra los ojos de frío rogando por algo que cubra su cuerpo con anhelo mientras el invierno cierra los ojos y voltea con desprecio.

El Renacer es duro

Los ojos abiertos al mundo.
-Mira hacía arriba- dice Loba mujer, pero no hay nada que ver. Hace siglos no hay nada que ver. Sólo queda su sombra, un manto tenebroso que cubre la tierra y las montañas.
-Ella estaba allá arriba- Aúlla – Se llevó a tu abuelo y tras eso desapareció.¡Nuestro aullido es libre!

Aúlla de nuevo, es la tradición. Aúllan las otras lobas, Con pasión, con dolor. Aúllan a la Diosa desaparecida, la que a sus Lobos hombres se llevó, Aúllan con rabia, con pena, para recordar.
El cachorro niño mira al cielo sin comprender los sentimientos de sus muchas madres, mira las estrellas y no entiende por qué aúllan, pero en el fondo comprende que falta algo, algo importante y aúlla con pesar.

El bofetón zarpazo le cruza la cara y siente el cálido aliento de su madre sobre la herida.
– ¡No se aúlla con dolor! ¡Se aúlla con dicha! – un amago de dentellada le hace retroceder. El cachorro niño mira alrededor en busca de alguien con quien compartir el dolor pero no hay otro como el. Solo Lobas Mujeres apenadas, heridas, enojadas, celebrando la noche en que la luz que se llevo a sus hombres desapareció.

Y celebrándolo a él.

Le miran celosas y guardianas, le miran amenazantes, e inmóvil se queda él. Le miran como si prefirieran desgarrarlo con sus colmillos antes que perderle de ver. El cachorro niño no entiende lo especial que es. No entiende que es único, que es especial, el único macho nacido tras la ascensión, La única esperanza de la tribu de la tribu para la continuación, para su renacer.

El cachorro niño mira alrededor al mundo y el mundo lo mira de vuelta con aprehensión.