Tú a la vera del camino

Hoy me acordé de ti
No estaba en mis planes hacerlo,
Yo sólo iba, como siempre,
evadiendo tu recuerdo.

Silbando quizás,
compitiendo contra el viento,
siguiendo el camino que el tiempo,
arrancó de nuestra historia.

Agazapada a la vera, tu memoria
Ahí, a un costado del camino.
Me miraba, con tus ojos,
esos ojos dulces y dormidos.

Fue como un jalón del tiempo,
directo hasta el principio.
Un tirón, de esos violentos,
de esos que te empujan al piso.

La melancolía vuelta cuerpo,
formada de letras y de sonidos.
¿De donde salisteis pequeños demonios?
¿Quién os trajo de vuestro retiro?

Y me quedé helado,
de pies a cabeza el cuerpo dormido.
mientras mi corazón se encogía
a la vez que daba un brinco.

Me asaltaron las palabras,
las notas musicales, lo mismo,
me ataron con gruesas cadenas,
forjadas de metáforas y aforismos.

Y con saña me alejaron
de nuevo de mi destino,
De vuelta al reino de tu sombra,
de vuelta al borde de tu abismo.

Se abrieron las antiguas llagas,
sangraron otra vez las viejas heridas.
Iba dejando un rastro con mi vida,
de regreso a tu morada.

Así que cerré los ojos
y disfruté de la inconsciencia,
mientras mi cuerpo en caía libre,
caía de nuevo a tu tierra.

ya mañana empezaría de nuevo,
el camino de mi vida.
Mañana, un nuevo intento,
mañana sería otro día.

 

Astadas o con cola amadas.

Todas hermanas,
todas tan distintas .
a veces ordenadas sobre la línea,
a veces saltando,
de abajo a arriba,
si es inquieta la mano que las perfila.

Algunas con brazos,
algunas astadas,
altas y bajas,
gordas y delgadas.
y algunas que la cola
tras de si arrastran.
Bellas se ven
de la mano tomadas,
formales también,
si van separadas.

¿Quienes son estas hermanas,
tan adoradas?
¿Quienes aquellas
tan destacadas?

Canto Final: Felicidad

Deja caer la mano,
el campesino.
el azadón hiere la tierra,
dibujándole a la vida un camino.
Ha vencido
Bajo los rayos de un sol inclemente,
el gran caballero sonríe henchido.
No fue fácil,
menos sencillo.
Aceptar su propio destino.

Reencantarse de las tierras queridas,
las viejas costumbres
y los mismos ciclos.
Entender aquel legado
que dejó su padre grabado,
en el futuro de sus hijos.

Una niña toma la mano,
de aquel que hasta ayer,
soñaba con recorrer caminos.
¿De que sirve la gloria,
de que los cantos,
para quien ya ha cumplido su sino,
el proveedor de sustento,
El trabajador aguerrido?

Al fin el hombre sonríe satisfecho,
A su lado su familia goza,
sabiéndose lejos de todo peligro.
la pequeña a su lado salta de alegría.
A lo lejos algunos lloran,
pero a lo lejos.

Canto final: Gloria

Alza la mano,
el héroe aguerrido,
la espada hacía la Luna,
desafiado su sino.
Ha vencido,
sobre el cadáver de aquel cruel bicho
el gran caballero sonríe henchido.
No fue fácil,
menos sencillo.
Torcerle la mano al destino.

Dejar las tierras queridas,
las viejas costumbres
y los mismos ciclos.
evadir el legado
que dejó su padre grabado,
en el futuro de sus hijos.

La princesa toma la mano,
de aquel que hasta ayer,
sólo era un campesino.
¿Cuanta gloria,
cuantos cantos,
loaran al hombre aguerrido,
al de males asesino,
al orgulloso limpiador de caminos?

Al fin el hombre sonríe satisfecho,
A sus pies el mundo goza,
ahora que ya no corren peligro
todo el reino salta de alegría,
a lo lejos algunos lloran,
pero a lo lejos.

Thorne-Żytkow

Escondida,
En una caverna profunda,
debajo de miles y millas,
de pies y otras medidas,
escondida,
la última esperanza brilla.

A veces juega,
a veces sueña,
con volver atrás su vida
y desandar, de subida,
el camino de regreso
el frío descenso.

¿Habrá pasado el peligro?
¿Sonarán aún los truenos?
¿habrá menguado con ellos,
la roja lluvia que se desliza entre rocas?
¿se habrá diluido la noche?
¿Se habrá apagado el galope?

Acurrucada se pregunta,
mientras otra fría noche pasa,
mientras pasa asimismo el tiempo,
en el fondo de un hueco en el alma.
Sin más compañera apenas,
que su propia esperanza.

 

 

EL hilo imaginario.

¿Acaso no es irónico este mundo?
¿Acaso no divierten sus coincidencias?
¿Acaso no cuesta convencer a la conciencia,
De que en verdad no hay un destino injusto?

Si se esfuerza en cruzarnos
gente al camino,
que se vuelven importantes
como si les conociéramos de antes.

Lugares que no habíamos pisado antes
se sienten como conocidos,
y empezamos a ver señales,
a ver mensajes, a ver guiños.

¿Acaso es tan simple nuestra mente?
¿Tanta la necesidad de un destino?
El mundo se vuelve importante,
Y parece, sí parece, posible el buen sino.

Y de pronto la burbuja explota
Y el mundo continua el giro.
Se quedan atrás las coincidencias,
se aparta el toque divino.

Y, como soltados de la mano,
caemos de nuevo al vacío
Y la trascendencia, el objetivo,
desaparecen en un suspiro.

 

Tu Eco.

Aun reverbera,
el eco de tu voz,
la música de tu risa,
en mi cabeza.

El corazón se vuelve estrecho,
ante la insinuación,
ante la mera posibilidad,
de tu recuerdo.

Vibra la mente
y se recoje el cuello, inquieto.
Aun reverbera
en mi mente tu eco.

El eco de tu voz,
el eco de tu mirada,
el eco de tus manos,
el eco de tu cuerpo.

Y sé,
aunque no concuerdo,
Que aun bebiendo el Leteo entero,
Siempre quedaría aquello.

Tu Eco.

El tiempo y las palabras.

Y aquí estamos,
escribiendo en la nada,
lineas efímeras dibujadas en el aire,
letras que algún día morirán en el olvido.
Una breve marca en el tiempo,
en la vida de alguien, un instante.
Donde el tiempo, algún día funesto,
con su garra se llevará el contexto,
la esencia, la fuerza, el alma.
Hasta que ya no seamos ni un recuerdo,
Ni una mella, ni siquiera una llaga.
Donde todo, todo, lo borra el tiempo,
condenadas están las palabras.

Cuando mueren las letras

¿Qué hacen las letras,
cuando han perdido su meta?
¿Dónde se van las ideas?
¿Dónde los pensamientos?
¿Donde van cuando ya no existe el cuento?
¿Donde cuando “El fin” ya se ha escrito?
¿Existe para los sueños rotos, un paraíso?
¿Un Edén, un Val-halla, un Nirvana?
Un… ¿mañana?