Tu luz.

Siempre adoré,
el brillo de tu risa,
como apocabas las estrellas
cuando esgrimías tu sonrisa.

Hada luminosa,
cuando carcajeabas,
temía el día
que su luz le quitaras.

Quise ser la sombra
que enmarcase tu brillo,
mas sólo logre ser el frío
Que apagó tu llama.

Hoy te miró de lejos,
para que mi aliento no te toque
y no apague de nuevo
esa luz que renace.

Sea mi ausencia
el regalo perfecto,
para esa luz que siempre
te salía de adentro.

Esa luz que admiré
y que siempre
me mantenía despierto.

Esa luz que envidié
aun ahora,
a la sombra del desconsuelo.

Luz y oscuridad

Yacer,
muy adentro de ella.
Y brillar,  diamantina,
como si fuéramos una.

Acoger,
en un abrazo,
cada rayo suyo,
esconderla en mi regazo.

Escapar,
por entre sus dedos,
cálida, serena,
beber su veneno.

Apretar,
con piernas y brazos,
absorberla con un beso,
con un beso desalmado.

Y fundirse,
en su centro,
ser una fuera, una dentro,
cómo el aroma y el viento.

Y fundirse,
sin nada de trabajo,
como la hierba lo hace en el prado,
una arriba y la otra abajo.

Y que la luz se haga fondo,
y que la oscuridad destaque en ella,
se ensombrezcan los rayos,
y brillen las lenguas.

Que no hay una sin la otra,
ni la otra sin ella,
fundidas en una abrazo,
a bailar de nuevo, empiezan.

 

Genesis

Si el dolor ha de ser eterno,
si la pena no piensa en marcharse,
si la cicatriz no podrá cerrarse,
ni desaparecer el sino funesto.

Al menos que tenga sentido,
todo este sufrimiento,
que se convierta todo lo que siento
como el agua se convirtió en vino.

Padre nuestro,
toma mi sangre,
y pinta con ella el cielo.

Padre nuestro,
toma mis gritos
y reescribe con ellos el mundo.

Padre nuestro,
toma mis lagrimas
y llena con ella tus mares.

Y que en este nuevo mundo,
nacidas del arte,
crezcan sonrisas y esperanzas
como si fueran habitantes.

Como si fueran seres vivos,
de un futuro incierto y distante,
ese futuro radiante,
ese que no tuvimos.

Volver a verte

Volver a verte,
es respirar hondo,
tras años de aguantar el aliento,
Cuanto tiempo esperado
para bañarse en tu reflejo,
en la luz que siempre derramas,
en tu fantasma de plata,
y de tu esencia llenarse.
Abrazar aquel espejo
bendecido por tu inversa,
añorar tu presencia,
acariciando tus espectros,
dibujar linea sobre linea,
beso sobre verso,
el contorno de tu cuerpo.
Y en tu sombra hacerse un hueco,
donde yacer eterno.
Volver a verte,
en tu sombra o en tu reflejo,
en tu imagen,
en tu recuerdo desde lejos.
es como volver a estar vivo…
es como volver a como antes,
por un delicioso instante.

Lejos desde los dedos.

fluye,
la sangre de mis dedos,
se extiende,
trazando mundos nuevos,
montañas de letras,
unos y ceros,
hiriendo a la vista,
hiriendo de nuevo,
¿dónde quedaron
las promesas, los te quiero?
¿dónde todo aquello?
¿dónde lo nuestro?
frágil  futuro,
apenas un huevo.
cayó del altar
donde tus pies descansan,
donde mi corazón se hace un hueco.
se hizo añicos,
dibujo en el suelo.
Como un niño,
un niño pequeño,
las manos manchadas,
de sangre y ceniza,
cual cenicero.
Quemadas las voces,
quemados los sueños,
burbuja de napalm,
volando hacía el cielo,
Alsino maldito,
cargado de recuerdos.
Te elevas, lejos,
más allá del tiempo.

 

Faro

Cuando no halle mi barco
la costa de mi cordura,
sal  radiante de la negrura.
como luz en el horizonte.

Vístete de plateada Luna,
que tu voz destruya la noche,
tu sonrisa la estrella más pura,
sea  foco tu dulce reproche.

Se el  faro  sobre  la  roca,
mano luminaria que evita
mi zozobra y mi caída,
se tú, querida, mi guía.

Se tú mi sol y mi luna,
se tú mis estrellas,
se tú el piadoso mapa
que evita mi caída.

por la orilla de mi mundo.
hacía la orilla de tu mundo.

La gata en la sombra

 

Ojos de aguamarina,
rubíes en la sonrisa,
estabas ahí,  en la sombra,
estabas ahí, escondida.

Vigilante,
siempre un paso por delante,
quien hubiera oído lo que antes decías.
quien lo hubiera oído antes que te fueras.

No, corrijo, antes que te dejara ir.
cuando sobre el respaldo de mi silla
te acurrucabas y prometías,
te acurrucabas. tu espalda contra la mía.

Ibas y venías,
adentro y afuera de mi vida,
yo mantenía la entrada abierta,
y mantenía abierta también la salida.

Hasta que un día ya no volviste,
entre las calles del tiempo te fuiste.
Y pensé que ya no te vería,
y pensé que habías desaparecido.

Pero volví a ver brillar tu sonrisa,
tras la ventana, en la cornisa.
Tus ojos de aguamarina,
tus ojos sin rencor en la pupila.

Gracias, por estar ahí a pesar de todo,
a pesar del frío y de la desidia.
porque sigues ahí, en la sombra,
porque sonríes aun escondida.