La sala dorada

Recorren sus ojos oscuros,
la sala dorada.
Su tesoro, esparcido,
recuerdo de eras ganadas.

Mas no es en las joyas,
en la que se recrea su mirada.
sino en aquel reflejo plateado,
que se cuela por la ventana.

 

Y poco le importan ya
las monedas y las joyas nacaradas,
los anillos y diademas
de perlas engarzadas-.

Y los collares de rubies,
y las cadenas de plata bruñida,
el oro por montones,
y los diamantes brillantes de vida.

¿De que le sirven todas las riquezas?
¿las montañas de oro acumulados durante su vida?
Cuando lo que realmente ama,
vuela lejos, imposible, perdida.

Él no ignora, no,
el valor de su legado.
es sólo que es imposible reconocerlo,
cuando ella brilla a su lado.

y se marcha el rey de Yph
de la sala dorada,
se cierran las puertas negras,
dejando dentro el oro y la esperanza.

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