La sala dorada

Recorren sus ojos oscuros,
la sala dorada.
Su tesoro, esparcido,
recuerdo de eras ganadas.

Mas no es en las joyas,
en la que se recrea su mirada.
sino en aquel reflejo plateado,
que se cuela por la ventana.

 

Y poco le importan ya
las monedas y las joyas nacaradas,
los anillos y diademas
de perlas engarzadas-.

Y los collares de rubies,
y las cadenas de plata bruñida,
el oro por montones,
y los diamantes brillantes de vida.

¿De que le sirven todas las riquezas?
¿las montañas de oro acumulados durante su vida?
Cuando lo que realmente ama,
vuela lejos, imposible, perdida.

Él no ignora, no,
el valor de su legado.
es sólo que es imposible reconocerlo,
cuando ella brilla a su lado.

y se marcha el rey de Yph
de la sala dorada,
se cierran las puertas negras,
dejando dentro el oro y la esperanza.

Legendario

Si no vienes más,
si nunca has venido,
si jamás consideraste este tu nido.
Ya no importa,
nunca lo ha hecho,
no era esa la idea.
Que este mundo por ti creado
no es una pancarta,
no es una aviso,
no es una luminaria,
ni mucho menos tu tormento.
No importa,
si decides dejarlo olvidado
si sus letras caen por el borde del mundo,
de este mundo que por ti se ha creado,
Ya no importa,
no serás nunca pasado.
Y aunque no lo veas,
o aunque lo visites a diario
y yo no lo sepa,
lo que aquí quedara plasmado
se volverá historia,
de nosotros,
será legendario.

En el carromato plateado

Se cubrió ella con su sombrero de bruja,
se alborotó el dorado pelo,
con una sonrisa tímida se acerco a su espejo,
La forma de un mundo envuelto en burbuja.

Se sentó frente al artefacto,
con parsimonia estiro sus brazos.
e invoco al dios de los amores lejanos,
a la Luna perdida y a todos sus astros.
Pestañeó, y la luz dio un respingo.
Acarició el cristal, se dejo llevar,
y observó el fruto de sus caprichos.

Él le miró desde el reflejo,
enmascarado, el manto puesto.
retirando el gesto,
un leve amago de extender la mano.
siempre detrás del cristal de lo soñado.

«Benditas ilusiones, benditos recuerdos,
benditas la magia y sus efectos»,
pensó ella tragándose el anhelo.
Y la imagen despareció con el viento,
el viento de un suspiro con dueño.
Atravesó el carromato plateado el reino,
llevándose a su reina lejos, muy lejos.

En el castillo de Yph

Se cubrió él con el manto, el del lobo muerto,
la corona oxidada, la máscara cierta.
Entró a su cuarto ya cubierto,
suspiró al cerrar la puerta.

Se paró frente al espejo:
Redondo, su marco dorado,
el cristal, por el uso, ajado.
Pestañeó, y la luz dio un respingo.
Estiró su mano, se mordió el instinto,
y la guardó de nuevo en el cinto.

Ella le miró desde el reflejo,
la sonrisa tímida, el pelo dorado,
alborotado.
los ojos oscuros, siempre tan lejos.
siempre detrás del cristal de lo supuesto.

—malditas ensoñaciones, malditos recuerdos,
malditas ilusiones mostrando mentiras—,
masculló él tragándose el anhelo.
Y la imagen despareció con el viento,
el viento de un suspiro encubierto.
Y aunque en el castillo de Yph no resonó un lamento,
nadie pudo decir que no fuera cierto.

Balada de la Bruja y del Monstruo

Bajó la hechicera a la Laguna,
Donde el castillo de Yph se reflejaba,
bajó por qué algo iba a ocurrir ese día,
por que algo la llamaba.

Se lo habían dicho los cielos,
mientras de noche los estudiaba,
-busca, busca, entre los suelos
un tesoro que no buscabas-

Curiosa, había aceptado el augurio,
dejando atrás su cabaña,
cubriéndose de un viejo abrigo
y abandono su arbolada.

Y al llegar escuchó un ruido,
un sordo murmullo apenado,
y, caminando lentamente,
hizo los juncos a un lado.

Se halló con una bestia,
mezcla de chucho con Batracio
que se lamentaba amargamente,
de haber sido, hace mucho,embrujado,
por una bruja y por nada…
pero, ojo, una bruja mala.

Sonríe la hechicera mientras le escucha,
ante la aclaración que él le cuenta,
-No te preocupes, lo entiendo- dice,
mientras a su lado se sienta.

Él le cuenta sus pormenores,
de cómo la bruja malvada,
no le gustaban ya sus cantos,
ni sus cuentos, ni sus baladas.
Y de como, aburrida tras la siesta,
ideo la idea funesta.

Pasan las horas y el monstruo canta
la historia de su vida,
ella en silencio sólo sonríe,
cuando llega la parte esperada.

-Y sólo el beso de una princesa,
ha de devolverme a mi forma,
cambiará esta piel gorda,
en lo fina que antes era.
Cambiará este rostro horrible,
en algo digno de esta Tierra.

-Pues yo no soy princesa- dice ella,
-ni vivo en un palacio.
Pero cree que te entiendo-
dice mirándole a los ojos
-A mi también me han encantado.

Y él la mira confundido,
y un poco avergonzado,
y ella sonríe, tiernamente,
mientras camina a su lado.

Y así se van, por el bosque.
Una bruja con un monstruo,
y aunque a la vista ya no habrá,
ni princesas ni palacios,
La bestia alegre piensa.
-Quizás no es tan malo ser Batracio-

 

Una Marca

Me vestí de ayer,
dejé que las pieles de antaño
cubrieran mi hombros cansados,
y volé.

Deje atrás mi castillo y a tu reino entré,
tu reino de recuerdos y añoranzas,
tu reino de anhelos y esperanzas,
tu reino de penas y miedos.
El reino que podría haber sido nuestro.

Y vagué, vestido de muerto,
cubierta la piel de lamento,
a recorrer las transitadas calles
que pisamos juntos hace tiempo.

Pero no estabas,
y aunque algunos rostros me conocieron,
y alzaron sus manos en saludo,
ya no es lo mismo sin ti, cielo.
Sin poder decirte te quiero.

Así que marqué mis manos en una roca,
por si las veías,
para que supieras que aun no había muerto.
Y volé de nuevo a mis tierras.

Mi tierra de nostalgia,
mi tierra de melancolía,
mi tierra muerta,
de pasiones dormidas.

Y Volví a sacarme la máscara cierta,
y las pieles del lobo muerto.
Y me senté en mi trono desierto,
a esperar aquello que no volvería.