Río

 

                          Y mientras,
corre el tiempo como el Nilo,
te mantendré aquí dentro, durmiente,
como la roca bajo la corriente,
de la vista de todos, escondida,
adivinada sólo por la herida
que hiende mi  cauce,
torbellinos en la superficie de mi vida,
visible sólo por las señales
que provoca tu mera existencia.
Hundiré así tu presencia,
muy adentro de mi mente.
lo más lejos del roer del tiempo,
bien al fondo de mi torrente,
tesoro del baúl de mis recuerdos.

Como si fueras Otoño

Bailó tu falda en el aire,
cayo tu blusa al suelo,
tus medias y tus encajes,
dibujaron ondas en su vuelo.

Y te plantaste ahí delante,
tan efímera como un sueño.
tan eterna como el tiempo,
tan imponente como un gigante.

Como cuando llega el otoño,
empezaron a caer tus hojas.
Separada la piel de tu carne,
se deshizo, como nieve roja.

Voló tu pelo al viento,
enhebrándose en la brisa,
y como un diente de león herido,
se fue, enredado de tu risa.

Se fundieron tus ojos,
se deshicieron tus huesos,
cayó el polvo y el agua al suelo,
calló tu ruido y reinó el silencio.

Y aún así, siendo nada.
sigues imponiéndote ahí parada.
Imperiosa, Dominante.
Digna de tu estirpe Atlante.

Podrás ser sólo un eco,
podrás ser la sombra de un recuerdo.
Mas las marcas que dejaste en mi cuerpo,
no las borrará ni siquiera el tiempo.

Del latín, Tripaliare.

Hoy no he escrito nada,
Kronos ha sido inclemente.
He intentado tomar el lapiz
Y él, muy atrevido, me ha enseñado los dientes.

—No —me ha dicho,
—Usted vuelve a su silla,
se pone el traje, anuda la corbata
y se encierra en la oficina.

—Mirad que quería escribir el hombre
condenado a la vida corriente.
Usted se concentra en lo mundano
y se queda trabajando cueste lo que cueste.

Y así como, sin comida el poeta se muere,
obligado estamos de seguir trabajando.
Pero por mientras, un par de versos disimulados,
No se vaya a desacostumbrar la mano.

No se vaya a desacostumbrar la mente,
de tanto nutrir al cuerpo esclavo.
No, que cante el alma oculta.
mientras Cuerpo y yo, trabajamos.

El tiempo y las palabras.

Y aquí estamos,
escribiendo en la nada,
lineas efímeras dibujadas en el aire,
letras que algún día morirán en el olvido.
Una breve marca en el tiempo,
en la vida de alguien, un instante.
Donde el tiempo, algún día funesto,
con su garra se llevará el contexto,
la esencia, la fuerza, el alma.
Hasta que ya no seamos ni un recuerdo,
Ni una mella, ni siquiera una llaga.
Donde todo, todo, lo borra el tiempo,
condenadas están las palabras.

Un fin

Ha callado el reloj,
ya no se oye el tic tac de su corazón,
se ha secado el mar
que alimentaba los ríos en su mirar.

Mas aún sigue ahí,
la herida que provocó el amar.
jamás paró de sangrar,
aunque ya no haya sangre para nada más.

Desciende el río bajo la cima nevada,
por la tierra de sus mejillas envejecidas.
Corre por dónde antes subía cálida,
la sangre de su garganta comprimida.

Unas cuantas gotas llegan incluso a su pecho,
donde las arañas han hecho el trabajo del tiempo,
hilando, uniendo, tejiendo y cubriendo,
aquel espacio por dónde huyo el corazón hace tiempo.

Cruel decir que la esperanza durará por siempre,
cruel decir que es lo último que se pierde,
cuando se nos escapa el tiempo por entre los dedos.
cuando nuestras vida no dura lo mismo que los sueños.

¿De que sirve prometer la eternidad,
cuando apenas duraremos?
¿De que vale ese para siempre,
si no nos acompañaran nuestros cuerpos?

Se ha callado el reloj,
el que escapo de su pecho,
se ha acabado el tiempo,
la esperanza y, con ella, el sueño.

 

Por ahora

Negaré tu nombre,
negaré tu existencia.
aunque me sangren los labios,
aunque me sangre la conciencia.
Creeré aquello de la distancia,
aquello de que era una suerte para algunos.
No diré que te recuerdo durante el ayuno,
o durante el desayuno,
o durante el almuerzo, la once, la cena.
o siempre, para ser justos.
Haré como que me he olvidado de la pena,
de tu rostro, de tu sonrisa eterna,
volveré tu rostro una figura difusa,
mientras guardo las ganas de arrancarte la blusa
en algún rincón al fondo de una excusa.
Disimularé el miedo en la rutina,
aplastado bajo montones de días,
ahogado bajo la comodidad de la vida,
guardado en una ausencia inducida.
Seguiré adelante,
haciendo como que no miro
esa meta elegida al lado de tu vida.
Seguiré a mi modo,
haciendo como que el alma no te añora,
seguiré lejos
por ahora.