Caen las estrellas

Del cielo vacío
han caído las estrellas,
tintineando, todas ellas,
al estrellarse contra el suelo.

suenan a desconsuelo,
al llanto de un pequeño,
a la caída de un sueño,
a la soledad forzada.

Y en cada paso que daba,
en mis pies descalzos,
se van clavando los pedazos,
filosos como el silencio.

y mientras ando, pienso.
¿No serán estos los restos,
de lo que alguna vez estuvo en mi pecho?
¿los restos de lo que ando buscando?

Pero aun así, avanzo,
segundo a segundo por el camino,
paso a paso por el destino,
No debemos quedarnos estancados.

Porque sé que en algún lado,
al final de todo este sufrimiento,
alcanzaré ese firmamento,
de donde cayeron estos retazos.

Y dejaré de recoger trozos,
con mis pies desnudos.
Podré al fin ponerlos en el muro,
y admirar, al fin, mi destino,
El principio, el porqué y el final de mi camino.

 

Déjame ser eterno

¿Estas ahí?
¿o ya te has olvidado del todo?
¿Aun paseas por mi alma?
¿Aun visitas a este loco?
¿Debo ya perder la calma?

Y por más que lo intento,
por más que indago dentro de las sombras,
pista tuya no encuentro.
Y ya sé que no debemos vernos,
pero te extraño, con desespero.

Muero por saber si me extrañas,
Si atesoras mi recuerdo,
o si sólo ya soy Ron añejo,
trago pasado, trago olvidado,
y vamos a por el nuevo.

No quiero que me olvides,
olvidarte no quiero.
sólo una señal… sólo una.
déjame ser en ti, eterno.

 

Medallas vacías.

Se caerán sus dientes y rebotaran en el piso,
perlas envejecidas de edad contenida,
la sangre manará de su boca,
sus ojos perderán su brillo.
Ventanas apagadas, persianas cerradas,
por la mano del tiempo,
verdugo asesino.
Su aliento se hará pesado y
saldrá cansino,
del pecho herido.
Abrazando a su paso lo poco que queda,
de un corazón abatido.
El cuerpo del guerrero,
de aquel lucho con rabia,
que sacrifico cuanto tenía
por aquello que le importaba.
¿De que sirven las medallas?
¿De que sirven ante el tiempo y su batalla?
Lo diste todos por ellos, por tu pueblo.
Y ahora te debates herido,
abandonado,
la espada oxidada,
no sirve de nada,
cuelga olvidada,
junto a la cama.
¿De que sirvió el esfuerzo?
Cuando la batalla fue más terrible,
cuando parecía imposible.
Sólo ahí te diste cuenta.
de que estabas solo como siempre.
como un niño pequeño.
¿Y que hiciste?
Te armaste hasta los dientes, los que ahora vuelan lejos.
Pusiste un pie adelante y resististe,
al cruel paso del tiempo.
Yaces ahora, en tu fortaleza sentado,
los pies y las manos ensangrentados,
mientras el dragón de la vida,
demora y demora su herida,
herida lenta a veces,
pero letal, siempre.