Radnased

Y volvió a pisar las falsas calles,
a reflejarse en ojos desconocidos.
La máscara bien puesta,
los sentimientos escondidos.
Los pies bien cubiertos con el manto,
torcidos, dándoles la espalda al camino.

¿Cómo avanzar por el camino,
cuando el lastre es uno mismo?

Y deambuló por las antiguas calles,
sin rumbo ni destino.
¿Para que preocuparse siquiera?
Cuando la idea se ha hecho carne,
cuando se ha vuelto uno mismo,
No hay manera de evitar su sino.

¿Cómo desprenderse del pasado,
cuando alimenta nuestro egoísmo?

y siguió recorriendo su pasado,
a sabiendas que cada paso que daba
lo llevaba más cerca del abismo.
Como una polilla a la llama,
indefenso ante su poderío,
indefenso a su propio masoquismo.

¿Cómo salvar al alma oscura
que gusta de castigarse a si mismo?

Su sombra languidece y se hunde,
el manto vuela bravío.
Se abren las costras nuevamente
por los cristales que adornan el camino.
La mirada se vuelve al escuchar el aullido.
La noche se disuelve,  el rey se ha ido.

La gata en la sombra

 

Ojos de aguamarina,
rubíes en la sonrisa,
estabas ahí,  en la sombra,
estabas ahí, escondida.

Vigilante,
siempre un paso por delante,
quien hubiera oído lo que antes decías.
quien lo hubiera oído antes que te fueras.

No, corrijo, antes que te dejara ir.
cuando sobre el respaldo de mi silla
te acurrucabas y prometías,
te acurrucabas. tu espalda contra la mía.

Ibas y venías,
adentro y afuera de mi vida,
yo mantenía la entrada abierta,
y mantenía abierta también la salida.

Hasta que un día ya no volviste,
entre las calles del tiempo te fuiste.
Y pensé que ya no te vería,
y pensé que habías desaparecido.

Pero volví a ver brillar tu sonrisa,
tras la ventana, en la cornisa.
Tus ojos de aguamarina,
tus ojos sin rencor en la pupila.

Gracias, por estar ahí a pesar de todo,
a pesar del frío y de la desidia.
porque sigues ahí, en la sombra,
porque sonríes aun escondida.