El tiempo y las palabras.

Y aquí estamos,
escribiendo en la nada,
lineas efímeras dibujadas en el aire,
letras que algún día morirán en el olvido.
Una breve marca en el tiempo,
en la vida de alguien, un instante.
Donde el tiempo, algún día funesto,
con su garra se llevará el contexto,
la esencia, la fuerza, el alma.
Hasta que ya no seamos ni un recuerdo,
Ni una mella, ni siquiera una llaga.
Donde todo, todo, lo borra el tiempo,
condenadas están las palabras.

El Alud de tu boca.

Caos, desorden,
alud de fuerza en orden.
ideas que brotan,
tan calientes que queman,
consumiendo todo lo que encuentran,
sin conciencia que las detenga.

Nacidas del más puro odio,
de la rabia contenida.
y brotan del crater de tu cara.
Palabras insolentes,
con las lineas de sus letras pulidas,
afiladas,
listas para crear heridas,
para formar yagas eternas.
heridas que menos sanan,
si quien las esgrime está más cerca.

Ideas que se ensañan
sin importar si es que te ama.
Ideas que arrasan,
atravesando el cuero
y se entierran adentro.
ardientes opiniones,
que duran eones
y destruyen el mundo,
un mundo hecho por ellas,
un mundo hecho para ellas.

 

Olvidando tu nombre

Di, querido amigo,
Que saltas de linea en linea
¿Adonde fueron las palabras?
¿Seras capaz de responder?
Nadie nota mucho nada,
salvo quizás el dos, el uno y el dos otra vez.
No es cosa sencilla,
Encontrar la verdad.
Sólo alguno entenderán,
que al final del camino en vuelta a empezar.
Absuélveme de la culpa,
de con su nombre jugar.
Esperemos que quien se esconde,
nos sepa perdonar.
¿Cuando podrás responder,
Entonces?
¿uando amado cómplice amigo?
tartamudeas por que así lo dicta tu mente,
NTe escuchare atentamente,
aun hasta tus errores.
Oteare en ellos con cuidado,
a sabiendas de que quizás de ser tienen sus razones.
Terminaré ya con este desvarió,
cansado de tanto salto.
Amanece ya y se ha escondido
tu nombre hasta la eternidad.
o quizás no, quizás sólo,
sea necesario agrupar y contar.

 

Dos Palabras

Dos palabras,
¿cómo lo hacías para iluminar mi vida?
dos palabras a la vez,
dos destellos diminutos
pero que me cegaban aun de día.
Dos palabras,
Par de bendiciones que me daban,
que se colaban por mis oídos,
una por cada uno,
y bajaban por mi piel,
deteniéndose a momentos,
en rincones no expuestos.
Dos palabras,
Se me iba la vida
en esas dos palabras,
y volvías,
de esa misma manera,
a darme vida otra vez.