Donde la Luna ya no brilla

Donde la luna ya no brilla.
De la luz imperecedera
duermen las semillas
debajo de la tierra.

Yace la esperanza maniatada
en capullos de papel mache y madera,
larvas de una vida pasada,
larvas de otra era.

¿Volverán a elevarse las Actias Luna,
En las noches sin estrellas?
¿Ahora que la Luna ya no brilla,
volverán a brillar ellas?

Duermen los capullos bajo tierra,
cubiertos de rutina y olvido.
Ocultos de la ruina y de la guerra,
Sólo confiando en el Destino.

Dice la profecía de la espera,
de aquellos que el rostro esconden.
“Volverá a remecerse la Tierra,
cuando atraviese el cielo su nombre”.

“Se derrumbarán los montes,
se separará el suelo,
brotarán d aquellos que se esconden
sus manos estirándose al cielo”.

Cuando se cumpla la profecía,
todo comenzará de nuevo,
Sed, mientras, albores del nuevo día,
encerradas dentro de vuestros huevos.

Sed, mientras, la esperanza escondida
detrás de la máscara del secreto,
Donde la Luna ya no brilla,
donde duermen hasta los sueños.

El rey exiliado

Cada vez que se alinea,
la Luna con el cielo estrellado,
coge el Rey exiliado,
su máscara nívea,
su manto estropeado,
y regresa a sus tierras natales
en busca de lo dejado.

Vaga por vías conocidas
degustando el pasado,
buscando aquello que ha dejado
atrás en el olvido.
No es sencillo,
pues a veces ni siquiera recuerda,
Que busca con tanto anhelo
entre almas y entre piedras.

Hasta que el tiempo se acabe
y los aullidos lo obliguen
a volver al reino salvaje
a yacer, semidormido.
Escondido,
hasta que la convergencia
dure para siempre,
y pueda vestir la mascara y su manto
eternamente.

Par de máscaras

 

No porque a veces esté triste,
significa que no sea feliz.
no porque me veas llorar,
significa que me estoy muriendo

No porque a veces esté contento,
significa que sea feliz.
no porque me veas riendo,
significa que haya dejado de sufrir.

Sé roca

Aun la roca más recia,
recuerda el día que, fundida,
brotaba y fluía,
entre los dedos de la madre tierra.

Y añora, mientras resiste,
aquellas lejanas eras,
donde podía sentirse protegida,
donde podía sentirse pequeña.

Y la lluvia no imagina,
y el viento no sospecha,
el granizo no se da cuenta,
ni el hombre que la pisa en su senda.

Y la nieve lo ignora,
el calor no lo percibe,
ni el árbol que en el se arrima,
ni la montaña que lleva encima.

Y así es mejor, piensa ella,
mientras lleva el peso a cuestas,
mantenerse firme es mi sino,
aunque por dentro hiera.

Y así es mejor, piensa ella,
mientras dentro nace una grieta.
ínfima e imperceptible,
quizás incluso bella.

Porque ahora es su turno,
de devolverle la mano al mundo,
de ser roca de ser firmeza,
de ser ella la fortaleza.

Pero en añorar, no hay problema,
asi que, mientras resiste,
cierra los ojos, suspira hacia adentro,
y sin que pueda dormir, sueña.

 

 

Receta

Espolvorear con ironía,
para el el sabor.
Cubrir todo con apatía,
para ocultar el dolor.

Salar en lagrimas la carne,
remojar con sangre.
Apalear el alma con tallos de rosa
hasta que ya no aguante.

Apartar los sueños,
las esperanzas y los deseos.
Dejar para más adelante,
cuando ya no haya tiempo.

Recluir lo más dulce más al interior,
y que no se note.
los tiernos miedos,
y sus eternos brotes.

Una máscara de chocolate encima,
adornar con una sonrisa
Y envolver en normalidad,
para que nadie pregunte.

Máscara de letras.

Loadas sean las letras,
aquellas que esconden nuestra cara,
las que borrando nuestro nombre,
nos dejan soltar verdades,
que de otro modo romperían ciudades,
mundos,
existencias.
Miles de vidas caídas bajo el peso de la verdad funesta.
Loadas sean las letras,
por dejar sacar al aire,
aquello que se acumula con la intención de matarte.
Cuando no puedes, no tienes o no quieres,
contar con la familia,
o con un hombro amigo,
o con el profesional que a cambio de algo nos auxilia,
loadas sean las letras, nuestro textual salvavidas.

Filtros

Cuando comenzaba el día,
me vestía.
me ponía primero la ropa,
sobre el cuerpo descubierto.
pero era aun antes de eso,
cuando me vestía por completo.
Sobre mi alma al abrir los ojos,
ponía capas de complejos,
vestiduras hechas de miedos
y cordones de mentiras.
Así era cada día,
sin los filtros no estaba completo.
De cariño el primero,
de normalidad el segundo,
de decencia el tercero.
Ni yo notaba la mentira,
tanto tiempo de ir cubierto,
hasta que abriste mis ojos
y rasgaste desde el cuello.
Me encontré de pronto desnudo,
frente a ti el corazón descubierto,
y para sorpresa no había frío,
no había frío ni miedo.
Pero ahora ya no estas conmigo
y, puedo sentirlo, poco a poco me voy cubriendo.

Una Marca

Me vestí de ayer,
dejé que las pieles de antaño
cubrieran mi hombros cansados,
y volé.

Deje atrás mi castillo y a tu reino entré,
tu reino de recuerdos y añoranzas,
tu reino de anhelos y esperanzas,
tu reino de penas y miedos.
El reino que podría haber sido nuestro.

Y vagué, vestido de muerto,
cubierta la piel de lamento,
a recorrer las transitadas calles
que pisamos juntos hace tiempo.

Pero no estabas,
y aunque algunos rostros me conocieron,
y alzaron sus manos en saludo,
ya no es lo mismo sin ti, cielo.
Sin poder decirte te quiero.

Así que marqué mis manos en una roca,
por si las veías,
para que supieras que aun no había muerto.
Y volé de nuevo a mis tierras.

Mi tierra de nostalgia,
mi tierra de melancolía,
mi tierra muerta,
de pasiones dormidas.

Y Volví a sacarme la máscara cierta,
y las pieles del lobo muerto.
Y me senté en mi trono desierto,
a esperar aquello que no volvería.

Máscara

Cáscara rima con máscara,
fina cubierta del alma.
A veces resistente,
a veces tan vulnerable,
a veces frágil como brisa,
a veces dibujando risas,
a veces llorando calma.
Es tan irónico es que al vestirla,
esté desnudando el alma.
Mientras que en ausencia de ella,
no soy yo ni nada.
No puedo ser yo sin ella,
pues ella es mi verdadera cara.
Mientras que la que uso día a día,
la de carne,
es la verdadera máscara.

Etérea sangre

¿Y que haré cuando se me acaben las canciones?
¿Cómo echaré fuera las emociones?
¿Que haré cuando se agoten las palabras?
Cuando ya no hayan más letras que cubran tus faltas.
Obligado me veré a rasgar pedazos de mi alma,
convertirlos en melancólicas letras
y a colgarlos de alguna entrada,
quizás cuando veas la etérea sangre
allí, encajada en tu pantalla,
entiendas cuanto me haces falta.
Seguiré convirtiendo en letras,
cada pedazo de mi esencia,
hasta que ya no quede nada,
soló una vacía cáscara muerta.