Radnased

Y volvió a pisar las falsas calles,
a reflejarse en ojos desconocidos.
La máscara bien puesta,
los sentimientos escondidos.
Los pies bien cubiertos con el manto,
torcidos, dándoles la espalda al camino.

¿Cómo avanzar por el camino,
cuando el lastre es uno mismo?

Y deambuló por las antiguas calles,
sin rumbo ni destino.
¿Para que preocuparse siquiera?
Cuando la idea se ha hecho carne,
cuando se ha vuelto uno mismo,
No hay manera de evitar su sino.

¿Cómo desprenderse del pasado,
cuando alimenta nuestro egoísmo?

y siguió recorriendo su pasado,
a sabiendas que cada paso que daba
lo llevaba más cerca del abismo.
Como una polilla a la llama,
indefenso ante su poderío,
indefenso a su propio masoquismo.

¿Cómo salvar al alma oscura
que gusta de castigarse a si mismo?

Su sombra languidece y se hunde,
el manto vuela bravío.
Se abren las costras nuevamente
por los cristales que adornan el camino.
La mirada se vuelve al escuchar el aullido.
La noche se disuelve,  el rey se ha ido.

La última luz.

De todas, quizás la más pequeña.
se deslizó por pasadizos ocultando su estela.
cerrando ojos y oídos a influencias externas
había evitado los efectos de la guerra.
No huiría ¿cómo hacerlo?
¿no era este acaso también su mundo?
allá fuera sólo la querían muerta.
Bajó flotando las escaleras,
suave, como un velero a vela.

A su alrededor los dientes tronaban,
al  lado de las paredes de tierra.
¿Cuánto más debería bajar, para estar segura?
¿Cuánto más huir, por su existencia?
¿Cuánto tiempo esperar para evitar la muerte?
¿Cuánto más le quedaba de suerte?

Aprovechando su tamaño,
atravesó minúsculas grietas,
paso a paso, cada vez más adentro,
cada vez más cerca del centro
hasta encontrar un refugio,
un viejo y abandonado capullo
de seda envejecida de amarillo,
bajo el cual no se viera su brillo.

Y ahí se quedo oculta,
ahí se quedo dormida,
quizás para siempre,
quizás hasta otra vida,
dónde los lobos no la busquen,
dónde la Luna nuevamente exista.

 

Efímero toque

Cual insecto,
posarme en la flor de tu boca,
tan sólo un instante,
un delicioso tocar,
y, antes que te des cuenta,
echarme a volar.
No vaya a ser como antes
y que esta sensación tan loca
nuble mi intelecto.

y me pierda
de nuevo en la luz de tus ojos
Así como la Actias de aquel mundo muerto
se perdió para siempre,
por la luz y la sombra de la Luna.
No, mejor vuelo lejos aunque cueste,
aunque tenga que dejar atrás mi cuerpo,
Y es que es muy fuerte el antojo
de entrar por esa puerta.

y olvidarme
de todo el mundo y sus cadenas,
caer en tus manos de nuevo,
y arrancarme las alas con fuerza
No, Debo volar lejos.
De vuelta a mi melancolica tierra,
a cuidar de lobos los huesos,
y sobrevolar la tristes almenas
y los ajados estandartes.

Por eso,
efímero toque
y un vuelo.

Tu luz.

Siempre adoré,
el brillo de tu risa,
como apocabas las estrellas
cuando esgrimías tu sonrisa.

Hada luminosa,
cuando carcajeabas,
temía el día
que su luz le quitaras.

Quise ser la sombra
que enmarcase tu brillo,
mas sólo logre ser el frío
Que apagó tu llama.

Hoy te miró de lejos,
para que mi aliento no te toque
y no apague de nuevo
esa luz que renace.

Sea mi ausencia
el regalo perfecto,
para esa luz que siempre
te salía de adentro.

Esa luz que admiré
y que siempre
me mantenía despierto.

Esa luz que envidié
aun ahora,
a la sombra del desconsuelo.

Luz y oscuridad

Yacer,
muy adentro de ella.
Y brillar,  diamantina,
como si fuéramos una.

Acoger,
en un abrazo,
cada rayo suyo,
esconderla en mi regazo.

Escapar,
por entre sus dedos,
cálida, serena,
beber su veneno.

Apretar,
con piernas y brazos,
absorberla con un beso,
con un beso desalmado.

Y fundirse,
en su centro,
ser una fuera, una dentro,
cómo el aroma y el viento.

Y fundirse,
sin nada de trabajo,
como la hierba lo hace en el prado,
una arriba y la otra abajo.

Y que la luz se haga fondo,
y que la oscuridad destaque en ella,
se ensombrezcan los rayos,
y brillen las lenguas.

Que no hay una sin la otra,
ni la otra sin ella,
fundidas en una abrazo,
a bailar de nuevo, empiezan.

 

Faro

Cuando no halle mi barco
la costa de mi cordura,
sal  radiante de la negrura.
como luz en el horizonte.

Vístete de plateada Luna,
que tu voz destruya la noche,
tu sonrisa la estrella más pura,
sea  foco tu dulce reproche.

Se el  faro  sobre  la  roca,
mano luminaria que evita
mi zozobra y mi caída,
se tú, querida, mi guía.

Se tú mi sol y mi luna,
se tú mis estrellas,
se tú el piadoso mapa
que evita mi caída.

por la orilla de mi mundo.
hacía la orilla de tu mundo.