Luna lejana

Luna lejana,
a la distancia de una mirada,
te paseas soberana
de nuestros sentimientos.

Te aúllo este lamento,
desde mis tierras baldías,
desde el yermo de mis heridas,
desde el mar de mi sufrimiento.

No ignores mis cantos
la del manto dorado,
no mires al lado,
cuando veas mi sombra.

No ignores mi grito,
entre los bosques perdido,
no escondas tu rostro,
tras cirros desconocidos.

Que una noche sin ti,
es desperdicio,
desperdicio de tiempo
y de sentido.

Luna lejana,
termina tu viaje,
tan sólo un toque necesito.
sólo un rose de tu ropaje.

Luna ilumina mi nuevo día,
dadme tu toque, dadme mi vida,
y al final, querida mía,
regalame al menos tu despedida.

En el carromato plateado

Se cubrió ella con su sombrero de bruja,
se alborotó el dorado pelo,
con una sonrisa tímida se acerco a su espejo,
La forma de un mundo envuelto en burbuja.

Se sentó frente al artefacto,
con parsimonia estiro sus brazos.
e invoco al dios de los amores lejanos,
a la Luna perdida y a todos sus astros.
Pestañeó, y la luz dio un respingo.
Acarició el cristal, se dejo llevar,
y observó el fruto de sus caprichos.

Él le miró desde el reflejo,
enmascarado, el manto puesto.
retirando el gesto,
un leve amago de extender la mano.
siempre detrás del cristal de lo soñado.

«Benditas ilusiones, benditos recuerdos,
benditas la magia y sus efectos»,
pensó ella tragándose el anhelo.
Y la imagen despareció con el viento,
el viento de un suspiro con dueño.
Atravesó el carromato plateado el reino,
llevándose a su reina lejos, muy lejos.

Luna nueva

Eres como la Luna nueva,
durante la noche,      sin la luz del sol,
de miradas ajena,                     tímida, escondida,
ese  bello instante                                   es cuando reluces.
Adornan tu cuerpo                                           aquella alba piel,
mil perlas liquidas,                                                surcos plateados.
de tus labios huyen                                                     besos  y  suspiros,
Efímeros,   pompas,                                                  frágiles  mariposas
Eternos, cual tiempo                                                 cual la vida misma.
¿Cómo odiar tu calor?                                               ¿aquel etéreo hielo?
¿cómo no adorarte?                                           ¿cómo no temerte?
¿cómo conformarse?                                    ¿como no añorarte?
¿cómo  contenerse?                                 ¿cómo aguantarse?
De no volar tras de ti,                     detrás de tu estela,
y quedarse  dormido           sobre la fría tierra,
en vez del paraíso   que es tu cuerpo,
brillas más Luna nueva.

Luna menguante

y cuando parte la tarde,
comienzas poco a poco a retirarte,
a esconderte,           a volver a tu refugio
desnudarte                    despojarte del abrigo
al mundo                              promesa de desnudo
sensual                                      que sólo tú disfrutas.
*                                                 Y tras esa firme puerta,
*                                                 tras agraciadas cortina,
a un libro,                            compañero de tus viajes.
bendices,                           con tu dorada compañía.
Mientras nos,                esperamos anhelantes
tu eterna llegada  , tu inminente regreso
Por eso, por tus noches distantes
querida, eres menguante.

Luna generosa

Luna generosa,
Perla del cielo:
a nosotros, tu séquito,
te nos entregas gustosa.

No escondes tu brillo,
no escondes tu grandeza,
no escondes tu belleza,
tu estela de armiño.

Al contrario, orgullos,
sonríes desde lo alto,
entregando al que quiera,
tu misterio y tu encanto.

Generosa Luna:
estiras tus manos,
infinitos, cual rayos,
de la plata más pura.

 

Luna llena

Eres como la Luna llena,
Atraviesas el cielo cual radiante esfera,
henchida, dorada, bella, hermosa, de dicha llena.
Alumbrando con tu suave toque cada vida a la que llegas.
Eres una bendita luz enmarcada en la oscuridad del destino,
eres el rielar que, tentador, reluce y brilla al fondo del abismo,
Diana celestial a la que, como dardo perdido, me siento atraído,
destino elegido de mis anhelos y mis más profundos caprichos.
¿Cómo no querer dejar todo de lado y volar por siempre a tu lado?
¿cómo no anhelar caer en tus océanos y ahogarse en tus mares?
trazar con mis propios dedos la suave geografía de tus valles.
¿Cómo no caer perdido en tus inconmensurables encantos?
¿cómo contenerse de no correr tras tu sombra aullando?
Faro de los sueños al que dirigimos nuestros deseos,
tu sola presencia vence al profundo miedo.
Bendita, bella y luminosa doncella
eres como la Luna llena.

Luna creciente

Te levantas creciente,
sonriendo, enseñando los dientes.
abandonando la cama                  sonriendo
mientras las sabanas                             radiante
resbalan por tus curvas                               gibosas.
No sonríes: Eres Sonrisas,                              y risas
Bella y luminosa Midas,                                                 *
vidas ajenas iluminando                                                 *
borrando amarga pena                                    tan sólo
deshaciendo quebrantos                            un toque,
apenas un suave roce                        tus dedos,
apenas uno ligero                    tus manos
sales dichosa, la sonrisa enfrente.
al alba eres creciente.

Hueles a ella

Hueles a ella,
a azahares y a Luna,
a chocolate y doncella.

Hueles a ella,
a dulce prohibido,
a canto de estrellas.

Hueles a ella,
a pasado y futuro,
a historia incompleta.

Hueles a ella,
a Atenea sin su lanza,
a Diana sin sus flechas.

Hueles a ella,
Oh nostalgia, si supieras,
lo mucho que hueles a ella.

A la sombra de la Luna

Que nadie lo diga en voz alta,
que nadie lo delate.
Que nadie jamás exponga,
su dolor, su pasión su arte.
Su esencia es como el silencio,
que con una palabra se esfuma.
Si llegase a ver la luz del día,
se borrará la sombra de la luna.
Dejad que cante en la oscuridad,
que loe en silencio,
que maldiga al destino y al tiempo,
que maldiga los momentos.
En silencio.
Aunque sus palabras, botes suicidas,
no lleguen a buen puerto.
No lo alumbre ningún faro,
dejad que encalle, no os preocupéis.
que como ya dijo el maestro.
no puede morir, aquello que ya está muerto.

Luna fragmentada

 

Cada recuerdo, cada anhelo,
es una pieza destrozada.
Un trozo de tu memoria
en mil pedazos, por el tiempo, desgarrada.
De bordes agudos,
de bordes filosos,
que hieren al armarla.
pero al final, oh tesoro,
vale la pena la sangre derramada,
sólo por volver a ver tu estampa.
solo para volver a evocarla.
Aunque sepa, a ciencia cierta,
que luego Cronos volverá a desarmarla.