Donde la Luna ya no brilla

Donde la luna ya no brilla.
De la luz imperecedera
duermen las semillas
debajo de la tierra.

Yace la esperanza maniatada
en capullos de papel mache y madera,
larvas de una vida pasada,
larvas de otra era.

¿Volverán a elevarse las Actias Luna,
En las noches sin estrellas?
¿Ahora que la Luna ya no brilla,
volverán a brillar ellas?

Duermen los capullos bajo tierra,
cubiertos de rutina y olvido.
Ocultos de la ruina y de la guerra,
Sólo confiando en el Destino.

Dice la profecía de la espera,
de aquellos que el rostro esconden.
“Volverá a remecerse la Tierra,
cuando atraviese el cielo su nombre”.

“Se derrumbarán los montes,
se separará el suelo,
brotarán d aquellos que se esconden
sus manos estirándose al cielo”.

Cuando se cumpla la profecía,
todo comenzará de nuevo,
Sed, mientras, albores del nuevo día,
encerradas dentro de vuestros huevos.

Sed, mientras, la esperanza escondida
detrás de la máscara del secreto,
Donde la Luna ya no brilla,
donde duermen hasta los sueños.

Tu última despedida

 

Atrapado en mi orilla,
con los pies hundidos en la arena,
con el alma empapada en pena,
observo tu partida.

Y aunque tu barco partió hace tanto tiempo,
aún veo sobre el horizonte tu largo mástil.
una luz plateada, brillante y frágil,
un farol diminuto meciéndose al viento.

Y como una polilla,
estoy atrapado en esa candela,
aunque no se vea ya ni quilla ni velas,
nada de eso desde mi orilla.

Quien diría que verte partir lento,
desapareciendo metro tras metro bajo el horizonte,
sería aun más doloroso que antes,
cuando para no verte bastaba sólo que soplara el viento.

Y porque sé que no habrá esta vez un regreso,
es que no puedo dejar de mirar tu partida.
Pues sé que es esta tu última despedida,
tú última aventura, el último gran suceso.

Ve en paz, amada mía,
A aquella nueva tierra, a aquel nuevo reino,
quien sabe, quizás pronto nos vemos,
quizás ahora, quizás otro día.

Quizás cuando lo decida,
el tibio lino o el frío hierro,
el calor del plomo, o la caricia del acero,
o el el dulce amargor de una piadosa bebida.

Mas mientras tu luz siga en mi horizonte,
seguiré mirando aquella falsa esperanza,
pues aquella luz es lo último que queda,
mi último fin, mi último norte.

 

Imagen tomada de:

https://pirataconrumboalaluna.wordpress.com/

Luna lejana

Luna lejana,
a la distancia de una mirada,
te paseas soberana
de nuestros sentimientos.

Te aúllo este lamento,
desde mis tierras baldías,
desde el yermo de mis heridas,
desde el mar de mi sufrimiento.

No ignores mis cantos
la del manto dorado,
no mires al lado,
cuando veas mi sombra.

No ignores mi grito,
entre los bosques perdido,
no escondas tu rostro,
tras cirros desconocidos.

Que una noche sin ti,
es desperdicio,
desperdicio de tiempo
y de sentido.

Luna lejana,
termina tu viaje,
tan sólo un toque necesito.
sólo un rose de tu ropaje.

Luna ilumina mi nuevo día,
dadme tu toque, dadme mi vida,
y al final, querida mía,
regalame al menos tu despedida.

En el carromato plateado

Se cubrió ella con su sombrero de bruja,
se alborotó el dorado pelo,
con una sonrisa tímida se acerco a su espejo,
La forma de un mundo envuelto en burbuja.

Se sentó frente al artefacto,
con parsimonia estiro sus brazos.
e invoco al dios de los amores lejanos,
a la Luna perdida y a todos sus astros.
Pestañeó, y la luz dio un respingo.
Acarició el cristal, se dejo llevar,
y observó el fruto de sus caprichos.

Él le miró desde el reflejo,
enmascarado, el manto puesto.
retirando el gesto,
un leve amago de extender la mano.
siempre detrás del cristal de lo soñado.

«Benditas ilusiones, benditos recuerdos,
benditas la magia y sus efectos»,
pensó ella tragándose el anhelo.
Y la imagen despareció con el viento,
el viento de un suspiro con dueño.
Atravesó el carromato plateado el reino,
llevándose a su reina lejos, muy lejos.

Blanca Actias Luna

Un ruido en la noche,
apenas un chasquido.
La cáscara rota,
la larva, al fin, a crecido.

Escondida bajo una máscara,
ha soportado inundaciones,
pisadas y mordiscos,
y un aluvión de emociones.

Surge de su capullo
en dos partido,
empolvada en plateado,
y toques verdemarino.

Blanca Actias Luna,
alza el vuelo buscando su consuelo.
mientras cada batida de sus alas,
provoca en un corazón, tormento.

Así, recorre el cielo la polilla,
en búsqueda de la Luz perdida,
A la sombra de la Luna,
en la tierra de las mentiras.

(source_image)

El Renacer es frío

Los ojos cerrados, de frío.
El cachorro niño se acurruca al lado de sus madres, el invierno es inclemente con su frío. ¿Por que él está desprovisto de vello mientras que ella llevan semejante abrigo? Confundido intenta pensar e inconsciente eleva la vista buscando respuesta. El zarpazo no se hace esperar y le devuelve a la Tierra y dos lineas más de memorias se escriben en su rostro arañado.

—Pues para ser el elegido, voy bien vapuleado—

El gruñido le ordena silencio, obediencia, el cachorro niño se acomoda cabizbajo mas, de reojo, no puede evitar mirar el vacío en el cielo estrellado.

¿Que es lo que extraño? se pregunta, una vez están los ojos cerrados.

Y duerme.

Y sueña.

Con su cuerpo desnudo cubierto de vello, del color de la nieve y de los ojos de la abuela, Se eleva, con suavidad pero velozmente va dejando poco a poco la Tierra. Estira los brazos y sus patas tan extrañas a los cielos, a esa fuerza que desde el vacío le llama.

Y despierta. El frío de la tarde le despierta, ya se ha movido la manada. Una de sus madres le llama y el cachorro niño parte tras ella. Las patas moradas por el hielo.

El cachorro niño cierra los ojos de frío rogando por algo que cubra su cuerpo con anhelo mientras el invierno cierra los ojos y voltea con desprecio.

El Renacer es duro

Los ojos abiertos al mundo.
-Mira hacía arriba- dice Loba mujer, pero no hay nada que ver. Hace siglos no hay nada que ver. Sólo queda su sombra, un manto tenebroso que cubre la tierra y las montañas.
-Ella estaba allá arriba- Aúlla – Se llevó a tu abuelo y tras eso desapareció.¡Nuestro aullido es libre!

Aúlla de nuevo, es la tradición. Aúllan las otras lobas, Con pasión, con dolor. Aúllan a la Diosa desaparecida, la que a sus Lobos hombres se llevó, Aúllan con rabia, con pena, para recordar.
El cachorro niño mira al cielo sin comprender los sentimientos de sus muchas madres, mira las estrellas y no entiende por qué aúllan, pero en el fondo comprende que falta algo, algo importante y aúlla con pesar.

El bofetón zarpazo le cruza la cara y siente el cálido aliento de su madre sobre la herida.
– ¡No se aúlla con dolor! ¡Se aúlla con dicha! – un amago de dentellada le hace retroceder. El cachorro niño mira alrededor en busca de alguien con quien compartir el dolor pero no hay otro como el. Solo Lobas Mujeres apenadas, heridas, enojadas, celebrando la noche en que la luz que se llevo a sus hombres desapareció.

Y celebrándolo a él.

Le miran celosas y guardianas, le miran amenazantes, e inmóvil se queda él. Le miran como si prefirieran desgarrarlo con sus colmillos antes que perderle de ver. El cachorro niño no entiende lo especial que es. No entiende que es único, que es especial, el único macho nacido tras la ascensión, La única esperanza de la tribu de la tribu para la continuación, para su renacer.

El cachorro niño mira alrededor al mundo y el mundo lo mira de vuelta con aprehensión.