El rey exiliado

Cada vez que se alinea,
la Luna con el cielo estrellado,
coge el Rey exiliado,
su máscara nívea,
su manto estropeado,
y regresa a sus tierras natales
en busca de lo dejado.

Vaga por vías conocidas
degustando el pasado,
buscando aquello que ha dejado
atrás en el olvido.
No es sencillo,
pues a veces ni siquiera recuerda,
Que busca con tanto anhelo
entre almas y entre piedras.

Hasta que el tiempo se acabe
y los aullidos lo obliguen
a volver al reino salvaje
a yacer, semidormido.
Escondido,
hasta que la convergencia
dure para siempre,
y pueda vestir la mascara y su manto
eternamente.

ojos llenos de estrellas

Cachorro adorado,
ojos de estrella,
perdida la vista,
más lejos que ellas.
llora mi alma,
con tus aullidos.
Llora mi alma,
con tus quejidos.
Dame tu pata,
viaja conmigo,
quizás sea de noche,
quizás haga frio,
quizás haya bestias
por el camino.
Escóndete aquí dentro,
en este hueco mio.
No tiembles cachorro,
no tiembles mi niño.
Siempre habré de velar
por tu destino,
aunque nunca lo sepas,
aunque nunca lo entiendas,
aunque nunca tus ojos vean,
nada más que las estrellas.

El Renacer es frío

Los ojos cerrados, de frío.
El cachorro niño se acurruca al lado de sus madres, el invierno es inclemente con su frío. ¿Por que él está desprovisto de vello mientras que ella llevan semejante abrigo? Confundido intenta pensar e inconsciente eleva la vista buscando respuesta. El zarpazo no se hace esperar y le devuelve a la Tierra y dos lineas más de memorias se escriben en su rostro arañado.

—Pues para ser el elegido, voy bien vapuleado—

El gruñido le ordena silencio, obediencia, el cachorro niño se acomoda cabizbajo mas, de reojo, no puede evitar mirar el vacío en el cielo estrellado.

¿Que es lo que extraño? se pregunta, una vez están los ojos cerrados.

Y duerme.

Y sueña.

Con su cuerpo desnudo cubierto de vello, del color de la nieve y de los ojos de la abuela, Se eleva, con suavidad pero velozmente va dejando poco a poco la Tierra. Estira los brazos y sus patas tan extrañas a los cielos, a esa fuerza que desde el vacío le llama.

Y despierta. El frío de la tarde le despierta, ya se ha movido la manada. Una de sus madres le llama y el cachorro niño parte tras ella. Las patas moradas por el hielo.

El cachorro niño cierra los ojos de frío rogando por algo que cubra su cuerpo con anhelo mientras el invierno cierra los ojos y voltea con desprecio.

De Lobos y de Perros

Ama el perro infatigable,
entre lobos adoptado,
a la Luna tan lejana,
a la que temen sus compadres.

Aúllan ellos, con respeto,
quizás un poco con temor,
Aúlla él con pasión,
con dulce y secreto anhelo.

La ha visto pocas veces,
De su luz se ha embrujado.
Ellos, la han visto desde siempre,
ya saben lo que viene con su encanto.

La esclavitud,
quizás para siempre.
La perdida,
del control de sus dientes.

Ama el perro,
teme el lobo,
sonríe la Luna
ajena a todo.

Larva muerta.

La larva se mueve,
La luz ya no brilla,
ya se acabó la esencia divina,
Los demonios se han ido,
el agua salada,
no fluye sobre la tierra.
La larva se mueve,
apenas respira,
se retuerce en su sueño intranquila.
Le llega un aroma,
esencia asesina,
y el gruñido de los lobos que la hayan dormida.
La larva se mueve.
Atemorizada y encogida,
Ya no hay luz que brilla,
no hay alimento,
quizás no es tan tarde para dejar atrás la vida.
Aúllan los Lobos al aire,
por que no hay nada a que aullarle.
La larva se mueve
sin darse cuenta de que esta despierta.
Los dientes se acercan,
y es tibio el aliento de las fieras,
La larva se mueve,
se cobija en la calidez de la muerte,
algo cálido al fin, piensa.
mejor este abrazo de dientes,
que el frío toque de la Tierra.

Fenrir y su camada.

Yace en su cubil la Loba,
ha parido con dolor,
el hijo de Loki se aleja
de sus intrigas y su pasión.
Es la tierra firme,
es el monstruo apocador.
Quien devorara a la Luna
y devorara el Sol.

Se yergue a la entrada de la cueva,
el hocico apuntando el cielo,
las cuatro patas en el suelo,
no hay inestabilidad en él.
Nada que deba temer,
pues sabe que en algún momento,
tendrá que vencer.

Temed a Fenrir, el Trol
temed a Fenrir el Lobo,
temed a Fenrir que si lo dejáis,
devorara todo su mundo.
Lloraran los cuervos volando apenas,
lloraran mientras él se relame,
y sonreirá mientras sus hermanos,
se despojan lo restos divinos
e ignoran los restos humanos.

Huid del lobo y su camada,
devoran el alma y dejan la carne,
en el suelo de su morada,
como si fuera una cascara vacía,
como máscaras desusadas.

Alma presa.

Se eleva la Luna por el claro,
sus rayos acarician la tierra.
Aúllan los lobos, en tanto,
vaga el alma perdida en las tinieblas.

Van a por su presa, rabiosos,
saltando entre espesura y tronco,
los labios recogidos, los ojos rojos.
Quieren conseguir la mejor pieza.

El alma les oye pero no tiembla,
aborta está en sufrir su pena,
En el centro e su pecho un agujero,
de lado a lado le atraviesa.

Lo lobos han llegado a su vera,
listos a saltar sobre su presa,
un ultimo rayo, plateado, la atraviesa.
La última esperanza apenas.

El alma abre los ojos, al fin despierta,
Los lobos vuelan, las mandíbulas abiertas,
la luna observa, ¿Impasible, atenta?
Un destello, rojo sangre, y la espera…