No me mires así.

No me mires así,
tú sabias que iba a ser así,
ambos sabíamos que iba a doler.
Aún desde aquella vez,
en que te recogí en el desierto.
Recuerdo que pensé que habías muerto,
pequeña alada mía,
y entre mis manos te acuné.
Recuerdo que respiraste apenas,
un rayo céfiro de esperanza.

No me mires así,
tú sabias que iba a ser difícil.
Todas las horas que pasé cuidándote,
todo el tiempo invertido,
las noches que no he dormido,
velando por tu mejora,
por curar esa herida mortal,
que cruza tu pecho querido.

No me mires así,
te digo ahora que te levanto.
El aire en tus plumas
y en mis ojos llanto.
Para esto te he cuidado,
para que te eleves de nuevo,
para que alces el vuelo
y le des sentido a mis atenciones.
¡Ve! ¡vuela! llévate mis emociones,
desde los aires transformalas en canciones.

No me mires así,
tú sabias que así sería.
Mientras saco la saeta y apunto,
nuevamente a tu pecho la ballesta.
Como aquella vez primera,
cuando te herí en el desierto.
Te prometo que te cuidare de nuevo,
y te dejaré marchar como siempre,
y siempre te heriré luego de muerto
y comenzaremos de nuevo.

No me mires así,
ambos sabíamos que dolería.

Libertad

Que engañosa es esta libertad,
Con sabor a hiel.
¿Dónde esta la miel?
¿Dónde la recompensa por la verdad?
¿Donde esas sonrisas que prometían habrían al final?

Que irónica es la vida,
que te premia por mentir.
por engañar, por esconder.
Aunque sea por proteger,
es mentir igual.

Pero una sonrisa es suficiente
para olvidar el pesar,
vale la pena ponerse la máscara
y volver a disimular,
sólo por ellos, es seguro
y por ella quizás.

Tomar aire y aguantar el grito,
tratar nuevamente de no dañar,
esconder la verdad en el alma,
rezando que no vaya a estallar,
no una vez más.

hasta que no aguantas más
y sueltas todo en un gran suspiro,
que se parece más tornado
y arrasa con todo: presente y pasado,
dejando solo una cosa en pie:
Esa mal llamada libertad.