El rey astado

Tras la isla de los montes anhelados,
más allá del mar de la distancia,
Se erige un castillo,
envidiable en majestuosidad y lontananza,
De sus almenados muros escapan,
prestos y armados,
caballeros, espías y soldados,
elfos, humanos y trasgos,
y una que otra criatura oscura,
reptante, en su interior oculta.
Y frente a ellos, estandarte en alto,
su rey astado encabeza la marcha.
La frente en alto, la capa ondeando a su espalda,
los cuernos, de su poderío amenaza,
brillando hasta en su sombra con una luz dorada.
—Milord, el mundo está servido—
dice una voz con petulancia.
Se eleva el brazo, se elevan los gritos,
canta un pueblo entero melodías de alabanza
mientras suben a un viejo argos sus miles de lanzas.
y, bajo el estandarte, sin ya más espera,
comienza triunfante la marcha.