La gata en la sombra

 

Ojos de aguamarina,
rubíes en la sonrisa,
estabas ahí,  en la sombra,
estabas ahí, escondida.

Vigilante,
siempre un paso por delante,
quien hubiera oído lo que antes decías.
quien lo hubiera oído antes que te fueras.

No, corrijo, antes que te dejara ir.
cuando sobre el respaldo de mi silla
te acurrucabas y prometías,
te acurrucabas. tu espalda contra la mía.

Ibas y venías,
adentro y afuera de mi vida,
yo mantenía la entrada abierta,
y mantenía abierta también la salida.

Hasta que un día ya no volviste,
entre las calles del tiempo te fuiste.
Y pensé que ya no te vería,
y pensé que habías desaparecido.

Pero volví a ver brillar tu sonrisa,
tras la ventana, en la cornisa.
Tus ojos de aguamarina,
tus ojos sin rencor en la pupila.

Gracias, por estar ahí a pesar de todo,
a pesar del frío y de la desidia.
porque sigues ahí, en la sombra,
porque sonríes aun escondida.