El rey exiliado

Cada vez que se alinea,
la Luna con el cielo estrellado,
coge el Rey exiliado,
su máscara nívea,
su manto estropeado,
y regresa a sus tierras natales
en busca de lo dejado.

Vaga por vías conocidas
degustando el pasado,
buscando aquello que ha dejado
atrás en el olvido.
No es sencillo,
pues a veces ni siquiera recuerda,
Que busca con tanto anhelo
entre almas y entre piedras.

Hasta que el tiempo se acabe
y los aullidos lo obliguen
a volver al reino salvaje
a yacer, semidormido.
Escondido,
hasta que la convergencia
dure para siempre,
y pueda vestir la mascara y su manto
eternamente.

Thorne-Żytkow

Escondida,
En una caverna profunda,
debajo de miles y millas,
de pies y otras medidas,
escondida,
la última esperanza brilla.

A veces juega,
a veces sueña,
con volver atrás su vida
y desandar, de subida,
el camino de regreso
el frío descenso.

¿Habrá pasado el peligro?
¿Sonarán aún los truenos?
¿habrá menguado con ellos,
la roja lluvia que se desliza entre rocas?
¿se habrá diluido la noche?
¿Se habrá apagado el galope?

Acurrucada se pregunta,
mientras otra fría noche pasa,
mientras pasa asimismo el tiempo,
en el fondo de un hueco en el alma.
Sin más compañera apenas,
que su propia esperanza.

 

 

Ruinas

 

De luz un punto,
una estrella, una mota.
Una hoja que al viento flota.
¿Queda algo más en este mundo?
¿En este sueño en bancarrota?
¿Algo aparte del tiempo inmundo,
que mata todo lo que toca?

Alrededor de la luz la sombra,
el manto del olvido hambriento,
¿Dónde quedó el reino opulento?
¿qué pasó con toda su obra?
los muros nacidos del tormento,
Los lagos brotados del lamento,

Las ruinas de un mundo entero,
¿podrá alzarse la vida en ellos un día?
¿volverá a crecer en el la melancolía?
¿o es verdad que ya esta todo muerto?
¿podrá aquella estrella perdida,
revivir el sentimiento dormido?

Duerme mundo mientras,
abrazado en tu propia sombra.
Duerme, como un niño pequeño.
hasta que llegué de nuevo el día.

La celda

Desde la pared,
la cadena se despliega y se separa,
desde la pared,
como una víbora serpentea,
se estira, se contrae, se ladea,
sin dejar de morder.
Desde la pared,
hasta su muñeca,
afirma la cadena a su presa.

Y mientras él lucha,
por liberarse del hierro,
caen las lagrimas
y dibujan en el suelo,
constelaciones de lamentos,
estrellas mojadas,
recuerdos de tormentos.

Mientras, el aire se nubla,
se ensombrecen los sueños,
toman consistencia el gemido,
Y con rabia salen de su cuerpo,
silenciosos, invisibles,
hasta tocar el techo.
Salen sin hacer ruido
desde un agujero en su pecho.

Mas frente suyo no hay una reja,
no hay puerta, no hay cerradura,
Sólo le retiene la férrea atadura
y el doloroso masoquismo de la conciencia.
Al otro lado, brilla la tierra,
iluminada por un solo cálido y atento,
Caen las hojas, soplan los vientos.
Es la celda una sombra,
un paréntesis de tiempo.

Una mano que, empuñada,
no se desliza por la apertura del grillete,
pero que, abierta,
saldría sin esfuerzo siquiera.
¿por qué entonces no suelta?
¿por qué entonces no corre hacía la tierra?
¿por que no abre la mano
y corre hacia esa otra,
que en lontananza espera?

El misterio esta dentro de la mano,
donde ha atrapado una estrella,
estrella que, tiembla de miedo al pensarlo,
escapará si es que la suelta.
¿por qué dejar ir la belleza,
la felicidad que su mano aprieta?
No importa la pared y su serpiente,
ni las húmedas estrellas en el suelo,
no importa el techo opresor.
No es esa su celda,
su celda, es ella.

 

Nebulosas

Tu sonrisa querida mía
ha reventado en mi conciencia,
se ha vuelto, explosiva,
polvo de estrellas.

Y sólo por verte eternamente,
en NGC 7293 me convertiría,
o quizás en NGC 6543, para verte querida,
aun cuando no sea de día.

NGC 6826 no querría,
para no perderte ni un segundo, alma mía.
no vaya a ser que como una mz3
desaparezcas en un traspiés.

O peor, te vuelvas NGC 6302
y te vayas volando lejos, quién sabe donde.
Obligado a ir tras tu MI-92
sobre un IC 434 a todo  galope,

Con una NGC 2244 en el pecho
y unas NGC 7023 en racimo,
con un NGC 6720 en el bolsillo,
y el IC 1848 en una mano extendido.

Y recorrer así el cosmos,
número tras número y letra tras letra.
Recorrer el cosmos completo
hasta donde todo comienza.

 

Una sonrisa, una estrella

Tu sonrisa, una estrella,
tus dientes perfectos,
iluminando la noche,
mi oscura y solitaria noche.

Cada sonrisa, una estrella,
y a mi que me encantan los cielos poblados.
vamos juntos, mano a mano,
desperdigando semillas de risa.

recorramos el mundo cual jardineros,
sembrando semillas en el suelo,
incluso en esos que parecen áridos y secos,
sí, incluso en aquellos.

que a quien luz nos falta,
solemos mirar al cielo.
En busca de la esperanza perdida,
en busca de algún consuelo.

Que hasta una estrella ajena,
ilumina el firmamento,
de los que no llevamos la nuestra propia,
por esto, por eso y por aquello.

Una sonrisa,
una estrella,
vamos,
por un cielo cubierto.

 

Bombón de estrella.

Su envase era de oro
y de oro era el bocado,
que acababa entre tus labios,
después de haberlo probado.

Un bombón de alma suave,
de modales refinados,
de clase, estampa y porte,
y de pasiones arrebolados.

Suplicaba que le comiese,
de par en par su envoltura,
suplicaba intensamente,
antes que otro tomara su hermosura.

Apenas un rose,
nada fuerte,
apenas un toque en la frente.
No pude quitarle al otro,
el placer de su dulzura.

Y se fue, como siempre.
cerró su envoltura,
cambio de ébano el oro
y se olvido de la aventura.

Los perros no comen bombones,
menos cuando guardan una estrella dentro.