Noche

El silencio de su cuerpo
se recorta contra la noche
haciendo silueta en la luna
mudo reproche.

De un futuro inconcluso,
de una historia no terminada
del destino recluso
de la mundanidad encadenada.

Pudo más la gravedad de la tierra,
pudo más la comodidad del alma,
que el viento que soplaba afuera.
Pudo más la seguridad y la calma.

Y ahora sopla el viento de nuevo
y la noche canta su llamada.
Es el sonido del abismo eterno
esperando, lanzando su carnada.

Tira el dolor de su cuerpo,
tira buscando el alivio,
para perpetuar su propia existencia,
buscando aquello que le hizo estar vivo.

Y su voz enmudecida llama,
desde la noche inquieta.
y encerrada en el fondo de su guarida
la esperanza escucha atenta.

La última luz.

De todas, quizás la más pequeña.
se deslizó por pasadizos ocultando su estela.
cerrando ojos y oídos a influencias externas
había evitado los efectos de la guerra.
No huiría ¿cómo hacerlo?
¿no era este acaso también su mundo?
allá fuera sólo la querían muerta.
Bajó flotando las escaleras,
suave, como un velero a vela.

A su alrededor los dientes tronaban,
al  lado de las paredes de tierra.
¿Cuánto más debería bajar, para estar segura?
¿Cuánto más huir, por su existencia?
¿Cuánto tiempo esperar para evitar la muerte?
¿Cuánto más le quedaba de suerte?

Aprovechando su tamaño,
atravesó minúsculas grietas,
paso a paso, cada vez más adentro,
cada vez más cerca del centro
hasta encontrar un refugio,
un viejo y abandonado capullo
de seda envejecida de amarillo,
bajo el cual no se viera su brillo.

Y ahí se quedo oculta,
ahí se quedo dormida,
quizás para siempre,
quizás hasta otra vida,
dónde los lobos no la busquen,
dónde la Luna nuevamente exista.

 

Thorne-Żytkow

Escondida,
En una caverna profunda,
debajo de miles y millas,
de pies y otras medidas,
escondida,
la última esperanza brilla.

A veces juega,
a veces sueña,
con volver atrás su vida
y desandar, de subida,
el camino de regreso
el frío descenso.

¿Habrá pasado el peligro?
¿Sonarán aún los truenos?
¿habrá menguado con ellos,
la roja lluvia que se desliza entre rocas?
¿se habrá diluido la noche?
¿Se habrá apagado el galope?

Acurrucada se pregunta,
mientras otra fría noche pasa,
mientras pasa asimismo el tiempo,
en el fondo de un hueco en el alma.
Sin más compañera apenas,
que su propia esperanza.

 

 

En el vacío.

Negro sobre negro,
el abismo al descubierto,
estallido de estrellas,
desperdigados sus restos.

Donde la luz no llega,
donde no brilla la esperanza,
donde el emblema del desamparo,
flamea en la punta de una lanza.

Trinan las aves en el nido vacio,
trinos sin fuerza.
Trinos sin ruido.

En el vacío,
en el frío eterno
de aquello que una vez fue
y de lo que nunca ha sido.

Donde la única salvación,
ya se ha perdido
y donde la última isla,
vaga en el olvido.

Donde nada queda,
donde la sombra ya no toca,
donde todo lo que era,
se empolva.

Negro sobre negro,
se funde el sonido,
la última nota.

Ruinas

 

De luz un punto,
una estrella, una mota.
Una hoja que al viento flota.
¿Queda algo más en este mundo?
¿En este sueño en bancarrota?
¿Algo aparte del tiempo inmundo,
que mata todo lo que toca?

Alrededor de la luz la sombra,
el manto del olvido hambriento,
¿Dónde quedó el reino opulento?
¿qué pasó con toda su obra?
los muros nacidos del tormento,
Los lagos brotados del lamento,

Las ruinas de un mundo entero,
¿podrá alzarse la vida en ellos un día?
¿volverá a crecer en el la melancolía?
¿o es verdad que ya esta todo muerto?
¿podrá aquella estrella perdida,
revivir el sentimiento dormido?

Duerme mundo mientras,
abrazado en tu propia sombra.
Duerme, como un niño pequeño.
hasta que llegué de nuevo el día.

La celda

Desde la pared,
la cadena se despliega y se separa,
desde la pared,
como una víbora serpentea,
se estira, se contrae, se ladea,
sin dejar de morder.
Desde la pared,
hasta su muñeca,
afirma la cadena a su presa.

Y mientras él lucha,
por liberarse del hierro,
caen las lagrimas
y dibujan en el suelo,
constelaciones de lamentos,
estrellas mojadas,
recuerdos de tormentos.

Mientras, el aire se nubla,
se ensombrecen los sueños,
toman consistencia el gemido,
Y con rabia salen de su cuerpo,
silenciosos, invisibles,
hasta tocar el techo.
Salen sin hacer ruido
desde un agujero en su pecho.

Mas frente suyo no hay una reja,
no hay puerta, no hay cerradura,
Sólo le retiene la férrea atadura
y el doloroso masoquismo de la conciencia.
Al otro lado, brilla la tierra,
iluminada por un solo cálido y atento,
Caen las hojas, soplan los vientos.
Es la celda una sombra,
un paréntesis de tiempo.

Una mano que, empuñada,
no se desliza por la apertura del grillete,
pero que, abierta,
saldría sin esfuerzo siquiera.
¿por qué entonces no suelta?
¿por qué entonces no corre hacía la tierra?
¿por que no abre la mano
y corre hacia esa otra,
que en lontananza espera?

El misterio esta dentro de la mano,
donde ha atrapado una estrella,
estrella que, tiembla de miedo al pensarlo,
escapará si es que la suelta.
¿por qué dejar ir la belleza,
la felicidad que su mano aprieta?
No importa la pared y su serpiente,
ni las húmedas estrellas en el suelo,
no importa el techo opresor.
No es esa su celda,
su celda, es ella.

 

Por ahora

Negaré tu nombre,
negaré tu existencia.
aunque me sangren los labios,
aunque me sangre la conciencia.
Creeré aquello de la distancia,
aquello de que era una suerte para algunos.
No diré que te recuerdo durante el ayuno,
o durante el desayuno,
o durante el almuerzo, la once, la cena.
o siempre, para ser justos.
Haré como que me he olvidado de la pena,
de tu rostro, de tu sonrisa eterna,
volveré tu rostro una figura difusa,
mientras guardo las ganas de arrancarte la blusa
en algún rincón al fondo de una excusa.
Disimularé el miedo en la rutina,
aplastado bajo montones de días,
ahogado bajo la comodidad de la vida,
guardado en una ausencia inducida.
Seguiré adelante,
haciendo como que no miro
esa meta elegida al lado de tu vida.
Seguiré a mi modo,
haciendo como que el alma no te añora,
seguiré lejos
por ahora.

Esperanza

A través de su pecho,
miró extrañado,
un poco agachado,
preguntó —¿Qué es eso?
Y vio en aquel hueco,
un destello amilanado,
escondido, justo al centro,
casi casi ignorado.
La nostalgia se hizo a un lado,
la pena  miro con desconfianza,
el dolor se hizo pequeño,
y el miedo dudo de su templanza.
—¿Qué es eso?—
preguntaron todos,
por aquella luz que prosperaba,
en el centro de su pecho,
en el agujero de su alma.
—¿Qué es eso?—
Insistieron,
ante aquello que los apocaba,
—¿Qué es ese brillo, esa tibieza?
esa luz que nos amilana?—
El hombre sonrió y levantó la cabeza,
mirando a lo alto dónde algo falta.
—Eso, queridos míos,
eso se llama esperanza.