Cartografía

Calles retorcidas,
sinuosas avenidas,
callejones delicados,
o carreteras marcadas a fuego.

Para cada quien se dibuja
un mapa tan distinto,
aunque su nombre sea el mismo
para tu vida o la mía.

El dolor y la desesperanza
son su dibujantes más notables.
¿Te haces ya una idea?
Sí, has estado ahí antes.

¿Que ciudad es aquella
con ese mapa sobre piel escrita?
¿cual es el nombre de esa urbe
de pardas y rojizas vias?

 

A la sombra de la Luna

A la sombra de la Luna
yace un hombre muerto,
no por fuera, sino por dentro,
el pastor de lobos que yace durmiendo.

En su rostro una mascara sonriente
disimula el gesto,
los brazos caídos,
en mudo desconsuelo.

Y en el pecho,
abierto un hueco,
por donde se cuelan,
la oscuridad, el tiempo y el viento.

Su propia ave lo ha abierto,
de ojos verdes como lago muerto,
Y por ahí se ha escapado una Luna,
globo fugitivo de sentimientos.

Un agujero rodeado de carne,
Abismo poblado de sentimientos.
donde sólo una estrella solitaria,
brilla en su negro cielo.

Para entrar a su mundo es necesario un salto,
detenerse en la orilla del abismo,
y dar un paso adelante, aguantar el respiro
y atravesar el rielar fantasma que brilla en lo bajo.

A la ausencia de la Luna,
va pululando la vida,
como larvas dormidas,
creciendo y surgiendo.

Criaturas, ciudades,
fortalezas y paisajes,
demonios, ángeles,
mentiras y verdades.

Y el hombre sin rostro mira hacía adentro,
al mundo que crece dentro de su pecho.
una lagrima cae, furiosa, al centro,
pues esta condenado sólo a eso, a verlo.

Jamás podrá saltar su propio abismo,
jamás reinar sobre su propio reino.
condenado a vivir expectante,
alimentándose de sus propios sueños.

 

 

Por ti, mi mundo.

 

Ya no me basta querida mía,
con sólo crearte versos,
No, ya no son suficientes,
para soportar este tormento.

Lo que antes sólo eran letras,
se ha vuelto una tierra entera,
un mundo, un universo, un firmamento
algo digno de este amor eterno.

Mirá que esta cajita de sentimientos,
se ha hecho poca para contener todo lo que siento.
créeme mi vida que no miento,
cuando digo que ahora necesito un mundo entero.

Para dibujar su geografía,
emulando las de tu cuerpo,
para poblarlo de ciudades,
en nombre de tus recuerdos.

Alzar castillos de suspiros,
tratar de detener el tiempo,
revivir demonios, mis propios miedos,
crear contigo un universo nuevo.

No sólo tres, miles de criaturas,
por tu memoria en mi mente gestadas.
atrapar incluso a aquellos,
que han sido atraídos por mi nostalgia.

Y este agujero que en mi pecho dejaste,
ha demostrado ser fértil en abundancia,
para dejarte a ti y a tu ausencia clavadas en el tiempo,
para retenerte, para recordarte, para poder volverte arte.

Tyv del cráter de oseas flores.

Más allá de los montes del deseo,
junto a los reinos del rey astado,
cerca del puerto de la esperanza,
hogar de traficantes y piratas.
Yace en el valle un forado,
cráter maldito de eterna sapiencia.
de huesos y cuerpos su suelo sembrado,
flores oseas, carnosas hojas,
ríos de metálica sangre roja.
Ghoules y bestias esperan hambrientos,
al próximo viajante desafortunado,
para roer sus piernas y alimentar con su cuerpo,
la escatológica fauna que pulula en el yermo.
En el centro rampa siempre atento,
el amo de aquellas tierras del hambriento,
un ave negra, de pelado cuello,
plumaje oscuro, tintado por la sangre,
de aquellos que, a pesar de todo,
se acercan a él tarde tras tarde.
Tyv, el guardián de verdades,
el pragmático,
grandes reyes le han consultado,
pocos, con la respuesta, han regresado,
mas los que lo han hecho lo han recomendado.
Así que si tienes dudas, ya sabes,
puedes acudir a su lado,
dejar que su cruel sabiduría guíe tu obra.
Pero no olvides dejar algo, quizás un bocado.
quizás un dedo o una oreja, que para algo sobran,
y quizás, solo quizás, puedas regresar a casa parado.