En el castillo de Yph

Se cubrió él con el manto, el del lobo muerto,
la corona oxidada, la máscara cierta.
Entró a su cuarto ya cubierto,
suspiró al cerrar la puerta.

Se paró frente al espejo:
Redondo, su marco dorado,
el cristal, por el uso, ajado.
Pestañeó, y la luz dio un respingo.
Estiró su mano, se mordió el instinto,
y la guardó de nuevo en el cinto.

Ella le miró desde el reflejo,
la sonrisa tímida, el pelo dorado,
alborotado.
los ojos oscuros, siempre tan lejos.
siempre detrás del cristal de lo supuesto.

—malditas ensoñaciones, malditos recuerdos,
malditas ilusiones mostrando mentiras—,
masculló él tragándose el anhelo.
Y la imagen despareció con el viento,
el viento de un suspiro encubierto.
Y aunque en el castillo de Yph no resonó un lamento,
nadie pudo decir que no fuera cierto.

Balada de la Bruja y del Monstruo

Bajó la hechicera a la Laguna,
Donde el castillo de Yph se reflejaba,
bajó por qué algo iba a ocurrir ese día,
por que algo la llamaba.

Se lo habían dicho los cielos,
mientras de noche los estudiaba,
-busca, busca, entre los suelos
un tesoro que no buscabas-

Curiosa, había aceptado el augurio,
dejando atrás su cabaña,
cubriéndose de un viejo abrigo
y abandono su arbolada.

Y al llegar escuchó un ruido,
un sordo murmullo apenado,
y, caminando lentamente,
hizo los juncos a un lado.

Se halló con una bestia,
mezcla de chucho con Batracio
que se lamentaba amargamente,
de haber sido, hace mucho,embrujado,
por una bruja y por nada…
pero, ojo, una bruja mala.

Sonríe la hechicera mientras le escucha,
ante la aclaración que él le cuenta,
-No te preocupes, lo entiendo- dice,
mientras a su lado se sienta.

Él le cuenta sus pormenores,
de cómo la bruja malvada,
no le gustaban ya sus cantos,
ni sus cuentos, ni sus baladas.
Y de como, aburrida tras la siesta,
ideo la idea funesta.

Pasan las horas y el monstruo canta
la historia de su vida,
ella en silencio sólo sonríe,
cuando llega la parte esperada.

-Y sólo el beso de una princesa,
ha de devolverme a mi forma,
cambiará esta piel gorda,
en lo fina que antes era.
Cambiará este rostro horrible,
en algo digno de esta Tierra.

-Pues yo no soy princesa- dice ella,
-ni vivo en un palacio.
Pero cree que te entiendo-
dice mirándole a los ojos
-A mi también me han encantado.

Y él la mira confundido,
y un poco avergonzado,
y ella sonríe, tiernamente,
mientras camina a su lado.

Y así se van, por el bosque.
Una bruja con un monstruo,
y aunque a la vista ya no habrá,
ni princesas ni palacios,
La bestia alegre piensa.
-Quizás no es tan malo ser Batracio-