Duele

Duele,
la mano que no quedó marcada en su pecho,
la tibieza no sentida,
la recaída.
Cada palabra esgrimida
que su blanco no ha alcanzado,
cada caricia,
cada sonrisa,
cada gesto perdido en el espacio.
La distancia,
la paciencia,
la esperanza perdida
y el puesto vacío en la mesa.
¿cómo llenar el vacío que dejan,
tus pies fríos y tus manos inquietas?
Sus ojos se esfuerzan en llenar el espacio,
pero nunca es suficiente llanto,
y duele
porque nunca es suficiente
nunca, para quien ha esperado tanto.

Un fin

Ha callado el reloj,
ya no se oye el tic tac de su corazón,
se ha secado el mar
que alimentaba los ríos en su mirar.

Mas aún sigue ahí,
la herida que provocó el amar.
jamás paró de sangrar,
aunque ya no haya sangre para nada más.

Desciende el río bajo la cima nevada,
por la tierra de sus mejillas envejecidas.
Corre por dónde antes subía cálida,
la sangre de su garganta comprimida.

Unas cuantas gotas llegan incluso a su pecho,
donde las arañas han hecho el trabajo del tiempo,
hilando, uniendo, tejiendo y cubriendo,
aquel espacio por dónde huyo el corazón hace tiempo.

Cruel decir que la esperanza durará por siempre,
cruel decir que es lo último que se pierde,
cuando se nos escapa el tiempo por entre los dedos.
cuando nuestras vida no dura lo mismo que los sueños.

¿De que sirve prometer la eternidad,
cuando apenas duraremos?
¿De que vale ese para siempre,
si no nos acompañaran nuestros cuerpos?

Se ha callado el reloj,
el que escapo de su pecho,
se ha acabado el tiempo,
la esperanza y, con ella, el sueño.

 

Por ti, mi mundo.

 

Ya no me basta querida mía,
con sólo crearte versos,
No, ya no son suficientes,
para soportar este tormento.

Lo que antes sólo eran letras,
se ha vuelto una tierra entera,
un mundo, un universo, un firmamento
algo digno de este amor eterno.

Mirá que esta cajita de sentimientos,
se ha hecho poca para contener todo lo que siento.
créeme mi vida que no miento,
cuando digo que ahora necesito un mundo entero.

Para dibujar su geografía,
emulando las de tu cuerpo,
para poblarlo de ciudades,
en nombre de tus recuerdos.

Alzar castillos de suspiros,
tratar de detener el tiempo,
revivir demonios, mis propios miedos,
crear contigo un universo nuevo.

No sólo tres, miles de criaturas,
por tu memoria en mi mente gestadas.
atrapar incluso a aquellos,
que han sido atraídos por mi nostalgia.

Y este agujero que en mi pecho dejaste,
ha demostrado ser fértil en abundancia,
para dejarte a ti y a tu ausencia clavadas en el tiempo,
para retenerte, para recordarte, para poder volverte arte.

El Cálao de ojos verdes

Hay un agujero en mi pecho,
donde anida demoníaco,
un cálao de ojos verdes,
de plumaje negro y opaco.

No le gusta verte contenta,
ni que disfrutes de la vida,
y se agita, nervioso e inquieto,
cuando ve que sigues tu vida.

Así grazna en mi oído,
sonidos que sólo yo entiendo,
palabras cargadas de dolor e ira,
palabras cargadas de sufrimiento.

—Que la muerte me de su guadaña,
para sesgar las vidas que compartes,
aquellas que vienen llegando ahora
y aquellas que venían ya de antes—

Así que aprieto los dientes,
los puños y los labios,
elevo una oración a la luna
y procuro mirar a otro lado.

Mientras le digo al demonio alado
que tu felicidad es más importante,
que no importa lo que esté pasando,
lo que importa es que vayas andando.

Y doy media vuelta,
un evitar forzado a dejar el abismo,
mientras el pajarraco desde adentro,
se descarga a picotazos conmigo mismo.

Esperanza

A través de su pecho,
miró extrañado,
un poco agachado,
preguntó —¿Qué es eso?
Y vio en aquel hueco,
un destello amilanado,
escondido, justo al centro,
casi casi ignorado.
La nostalgia se hizo a un lado,
la pena  miro con desconfianza,
el dolor se hizo pequeño,
y el miedo dudo de su templanza.
—¿Qué es eso?—
preguntaron todos,
por aquella luz que prosperaba,
en el centro de su pecho,
en el agujero de su alma.
—¿Qué es eso?—
Insistieron,
ante aquello que los apocaba,
—¿Qué es ese brillo, esa tibieza?
esa luz que nos amilana?—
El hombre sonrió y levantó la cabeza,
mirando a lo alto dónde algo falta.
—Eso, queridos míos,
eso se llama esperanza.

 

 

 

 

Agujero

MI pecho, un estanque.
En su centro un agujero,
lluvias de alegría caen del cielo,
amor, cariño, consuelo,
caen y llenan mi cauce,
No siempre se nota,
ese agujero,
esta en el fondo y a veces se cubre,
de aquellos lindos sentimientos,
pero no por que no se vea,
desaparece,
de hecho crece,
inexorablemente crece,
y por ahí cae al vacío lo bello.
Y poco a poco el cauce se seca,
y cuando la soledad visita esta tierra,
el pozo del alma se vacía,
y el demonio guardián del agujero,
sonríe, satisfecho.
mientras ve como se van las delicias,
por el espacio que hay en mi pecho.