Del latín, Tripaliare.

Hoy no he escrito nada,
Kronos ha sido inclemente.
He intentado tomar el lapiz
Y él, muy atrevido, me ha enseñado los dientes.

—No —me ha dicho,
—Usted vuelve a su silla,
se pone el traje, anuda la corbata
y se encierra en la oficina.

—Mirad que quería escribir el hombre
condenado a la vida corriente.
Usted se concentra en lo mundano
y se queda trabajando cueste lo que cueste.

Y así como, sin comida el poeta se muere,
obligado estamos de seguir trabajando.
Pero por mientras, un par de versos disimulados,
No se vaya a desacostumbrar la mano.

No se vaya a desacostumbrar la mente,
de tanto nutrir al cuerpo esclavo.
No, que cante el alma oculta.
mientras Cuerpo y yo, trabajamos.

Mi amigo, ese desconocido

Ese triste momento
cuando algo que creímos eterno
se nos muestra tan distinto
de como los evaluamos en un principio.

El amor de tu vida,
tu mejor amigo,
el socio perfecto,
la sonrisa querida.

Y en una iluminación de conciencia
se nos revela de pronto
como un mero desconocido
tan solo otro nombre en la agenda

Sólo otro contacto de tus redes,
¿Negaremos acaso que duele?
Cuando aquel antes tan cercano
le sentimos sólo como un extraño.

¿Y aprendimos de esto acaso?
No, seguimos errando en la vida,
a la experiencia le gustan las mentiras,
olvida lo aprendido, allá de nuevo vamos.

El rey exiliado

Cada vez que se alinea,
la Luna con el cielo estrellado,
coge el Rey exiliado,
su máscara nívea,
su manto estropeado,
y regresa a sus tierras natales
en busca de lo dejado.

Vaga por vías conocidas
degustando el pasado,
buscando aquello que ha dejado
atrás en el olvido.
No es sencillo,
pues a veces ni siquiera recuerda,
Que busca con tanto anhelo
entre almas y entre piedras.

Hasta que el tiempo se acabe
y los aullidos lo obliguen
a volver al reino salvaje
a yacer, semidormido.
Escondido,
hasta que la convergencia
dure para siempre,
y pueda vestir la mascara y su manto
eternamente.

Efímero toque

Cual insecto,
posarme en la flor de tu boca,
tan sólo un instante,
un delicioso tocar,
y, antes que te des cuenta,
echarme a volar.
No vaya a ser como antes
y que esta sensación tan loca
nuble mi intelecto.

y me pierda
de nuevo en la luz de tus ojos
Así como la Actias de aquel mundo muerto
se perdió para siempre,
por la luz y la sombra de la Luna.
No, mejor vuelo lejos aunque cueste,
aunque tenga que dejar atrás mi cuerpo,
Y es que es muy fuerte el antojo
de entrar por esa puerta.

y olvidarme
de todo el mundo y sus cadenas,
caer en tus manos de nuevo,
y arrancarme las alas con fuerza
No, Debo volar lejos.
De vuelta a mi melancolica tierra,
a cuidar de lobos los huesos,
y sobrevolar la tristes almenas
y los ajados estandartes.

Por eso,
efímero toque
y un vuelo.

Tú a la vera del camino

Hoy me acordé de ti
No estaba en mis planes hacerlo,
Yo sólo iba, como siempre,
evadiendo tu recuerdo.

Silbando quizás,
compitiendo contra el viento,
siguiendo el camino que el tiempo,
arrancó de nuestra historia.

Agazapada a la vera, tu memoria
Ahí, a un costado del camino.
Me miraba, con tus ojos,
esos ojos dulces y dormidos.

Fue como un jalón del tiempo,
directo hasta el principio.
Un tirón, de esos violentos,
de esos que te empujan al piso.

La melancolía vuelta cuerpo,
formada de letras y de sonidos.
¿De donde salisteis pequeños demonios?
¿Quién os trajo de vuestro retiro?

Y me quedé helado,
de pies a cabeza el cuerpo dormido.
mientras mi corazón se encogía
a la vez que daba un brinco.

Me asaltaron las palabras,
las notas musicales, lo mismo,
me ataron con gruesas cadenas,
forjadas de metáforas y aforismos.

Y con saña me alejaron
de nuevo de mi destino,
De vuelta al reino de tu sombra,
de vuelta al borde de tu abismo.

Se abrieron las antiguas llagas,
sangraron otra vez las viejas heridas.
Iba dejando un rastro con mi vida,
de regreso a tu morada.

Así que cerré los ojos
y disfruté de la inconsciencia,
mientras mi cuerpo en caía libre,
caía de nuevo a tu tierra.

ya mañana empezaría de nuevo,
el camino de mi vida.
Mañana, un nuevo intento,
mañana sería otro día.

 

Astadas o con cola amadas.

Todas hermanas,
todas tan distintas .
a veces ordenadas sobre la línea,
a veces saltando,
de abajo a arriba,
si es inquieta la mano que las perfila.

Algunas con brazos,
algunas astadas,
altas y bajas,
gordas y delgadas.
y algunas que la cola
tras de si arrastran.
Bellas se ven
de la mano tomadas,
formales también,
si van separadas.

¿Quienes son estas hermanas,
tan adoradas?
¿Quienes aquellas
tan destacadas?

Canto Final: Felicidad

Deja caer la mano,
el campesino.
el azadón hiere la tierra,
dibujándole a la vida un camino.
Ha vencido
Bajo los rayos de un sol inclemente,
el gran caballero sonríe henchido.
No fue fácil,
menos sencillo.
Aceptar su propio destino.

Re-encantarse de las tierras queridas,
las viejas costumbres
y los mismos ciclos.
Entender aquel legado
que dejó su padre grabado,
en el futuro de sus hijos.

Una niña toma la mano,
de aquel que hasta ayer,
soñaba con recorrer caminos.
¿De que sirve la gloria,
de que los cantos,
para quien ya ha cumplido su sino,
el proveedor de sustento,
El trabajador aguerrido?

Al fin el hombre sonríe satisfecho,
A su lado su familia goza,
sabiéndose lejos de todo peligro.
la pequeña a su lado salta de alegría.
A lo lejos algunos lloran,
pero a lo lejos.

Canto final: Gloria

Alza la mano,
el héroe aguerrido,
la espada hacía la Luna,
desafiado su sino.
Ha vencido,
sobre el cadáver de aquel cruel bicho
el gran caballero sonríe henchido.
No fue fácil,
menos sencillo.
Torcerle la mano al destino.

Dejar las tierras queridas,
las viejas costumbres
y los mismos ciclos.
evadir el legado
que dejó su padre grabado,
en el futuro de sus hijos.

La princesa toma la mano,
de aquel que hasta ayer,
sólo era un campesino.
¿Cuanta gloria,
cuantos cantos,
loaran al hombre aguerrido,
al de males asesino,
al orgulloso limpiador de caminos?

Al fin el hombre sonríe satisfecho,
A sus pies el mundo goza,
ahora que ya no corren peligro
todo el reino salta de alegría,
a lo lejos algunos lloran,
pero a lo lejos.

Thorne-Żytkow

Escondida,
En una caverna profunda,
debajo de miles y millas,
de pies y otras medidas,
escondida,
la última esperanza brilla.

A veces juega,
a veces sueña,
con volver atrás su vida
y desandar, de subida,
el camino de regreso
el frío descenso.

¿Habrá pasado el peligro?
¿Sonarán aún los truenos?
¿habrá menguado con ellos,
la roja lluvia que se desliza entre rocas?
¿se habrá diluido la noche?
¿Se habrá apagado el galope?

Acurrucada se pregunta,
mientras otra fría noche pasa,
mientras pasa asimismo el tiempo,
en el fondo de un hueco en el alma.
Sin más compañera apenas,
que su propia esperanza.

 

 

EL hilo imaginario.

¿Acaso no es irónico este mundo?
¿Acaso no divierten sus coincidencias?
¿Acaso no cuesta convencer a la conciencia,
De que en verdad no hay un destino injusto?

Si se esfuerza en cruzarnos
gente al camino,
que se vuelven importantes
como si les conociéramos de antes.

Lugares que no habíamos pisado antes
se sienten como conocidos,
y empezamos a ver señales,
a ver mensajes, a ver guiños.

¿Acaso es tan simple nuestra mente?
¿Tanta la necesidad de un destino?
El mundo se vuelve importante,
Y parece, sí parece, posible el buen sino.

Y de pronto la burbuja explota
Y el mundo continua el giro.
Se quedan atrás las coincidencias,
se aparta el toque divino.

Y, como soltados de la mano,
caemos de nuevo al vacío
Y la trascendencia, el objetivo,
desaparecen en un suspiro.