¿Oyes?

¿puedes oírlo?
¿Los pasos allá afuera?
como avanzan las ovejas en fila,
como avanzan sin espera,
como enfilan hacía el matadero,
donde no los salvara el consuelo.
La muerte negra se alza recta,
y en su boca: negra sentencia,
de sus ojos, hechos de Brea,
escapa el hedor de la nueva era
mientras su mano se eleva
y su dedo nos apunta
remarcando su condena.
¿Puedes oírla siquiera?
¿Cómo su risa reverbera?
En cristales empolvados,
en el piso que tiembla,
es el quejido de la tierra
subiendo por tus piernas.
No, no son los nervios,
no, no es la tristeza,
es empatía negra,
su dulce alimento,
su azucar morena
¿puede   ya  oírlo?
¿podrás a tiempo?
el dedo muerto
que se acerca.
Cierra los ojos,
y escucha,
desespera.
Es ella,
Ella.

Pienso en ti

A veces pienso en ti,
y en la promesa de tu silueta
recortándose contra la puerta.

A veces pienso en ti,
y el mundo se me paga,
todo lo que tengo se vuelve nada.

A veces pienso en ti,
Y todo lo que he logrado,
en un instantes se ha esfumado.

A veces pienso en ti,
y recuerdo
que aun no te he olvidado.

Y es entonces que se achica
el corazón dentro de mi pecho,
y como un ave al acecho,
la melancolía cae sobre mi dicha.

y de un zarpazo arranca todo
y me deja desde cero.
Y empiezo otra vez, de nuevo.

Hasta que pienso en ti.

¿cuanto dura la culpa?

¿Cuánto dura la culpa?
¿Cuánto dura el tormento?
¿Cuánto dura el lamento?
¿cuánto dura la duda?

¿Cuándo cierra la herida?
¿Cuándo el dolor cesa?
¿En verdad alguna vez termina?
¿en verdad deja de arder la afrenta?

Apenas nos mantenemos de pie,
con los corazones hechos pedazos.
Sosteniendo los trozos con las manos,
orando por no caer.

heridos y haciendo daño,
¿acaba alguna vez el ciclo?
¿o seguimos, año tras año,
alargo nuestro suplicio?

 

 

 

No caer

Arrastra los pies,
con la espalda curvada,
apenas adelanta
un paso al día el condenado.
suda cargando sus pecados
sobre su espalda cansada.
Ha pasado tanto ya,
que hasta las aves le han hecho casa.
y a su sombra apagada,
otras almas se han guarecido.
Le tiemblan las piernas mientras avanza,
Hace mucho las fuerzas ya se han ido.
Va a caer,
está consciente de que ese es su destino.
caer en algún momento
y ceder bajo el abrumador peso
del madero de su pecado y sus desatinos,
del pesar de las decisiones
y de la culpa de sus acciones.
Va a caer.
Y se llevará por delante la vida,
que entre sus pies guardó cobijo.
Mas por mientras seguirá camino,
Arrastra los pies y sigue
retrasando paso a paso al destino.
aunque sabe que caerá,
aunque siempre lo ha sabido.

Los corredores.

Un sujeto alto y otro bajito,
van corriendo la rotonda,
haciendo ejercicio.
El alto va a paso ligero,
el bajo, mucho más despacio.
Puntualmente, a las doce,
comienzan ambos su ejercicio.
y cada vez que el otro le pasa,
su reloj, el pequeño mira.
Ya cinco veces, le ha alcanzado
¿Puedes tú, lector querido
Decir que hora marca el aparato?

La marca

Por ti,
adopté la marca,
por ti,
la incluí en mi vida.
esa vida, que antes de conocerte,
era una historia ya escrita,
hecha a medida,
un relato sin correcciones,
hasta que llegaste tú,
tú y tus pasiones.
Y mis paginas,
sin un sólo manchón de tinta,
se llenaron de anotaciones,
notas al pie y subrayados,
y, sobretodo,
tantas interrogaciones.
Y mis versos,
ordenados antes,
se dispararon dispersos
rindiéndole culto al Kaos,
un culto a la Luna,
a su hado,
a su multitud de facetas
y a su presencia
a veces oculta,
pero siempre ahí al lado.
Fue por ti,
Que adopte la marca
Aquella Luna misteriosa
que cierra todas mis preguntas.

 

El viejo equilibrista

Un viejo equilibrista encorvado,
sobre su bola
se le ve bailando cansado.
Siempre al final de la línea,
siempre cerrando la marcha,
pues cae de espaldas
si decide comenzarla.
¿Cual es el nombre
del hombre al que miramos con duda?
¿Cual es el nombre
de este viejo que nos hace preguntas?

Como si fueras Otoño

Bailó tu falda en el aire,
cayo tu blusa al suelo,
tus medias y tus encajes,
dibujaron ondas en su vuelo.

Y te plantaste ahí delante,
tan efímera como un sueño.
tan eterna como el tiempo,
tan imponente como un gigante.

Como cuando llega el otoño,
empezaron a caer tus hojas.
Separada la piel de tu carne,
se deshizo, como nieve roja.

Voló tu pelo al viento,
enhebrándose en la brisa,
y como un diente de león herido,
se fue, enredado de tu risa.

Se fundieron tus ojos,
se deshicieron tus huesos,
cayó el polvo y el agua al suelo,
calló tu ruido y reinó el silencio.

Y aún así, siendo nada.
sigues imponiéndote ahí parada.
Imperiosa, Dominante.
Digna de tu estirpe Atlante.

Podrás ser sólo un eco,
podrás ser la sombra de un recuerdo.
Mas las marcas que dejaste en mi cuerpo,
no las borrará ni siquiera el tiempo.

El ciclo

Y cuando piensas que todo ha acabado,
que el lago se ha secado
y ya no corren más los vientos.
Brota agua de nuevo,
salada como la angustia.
¿Qué sabe la tierra de sufrimiento?
¿Que sabe ella de los muertos?
¿que le importa la planta mustia?
¿que sabe ella del fondo seco?
El ciclo aun no ha acabado,
eso es todo lo que le concierne.
Por eso, siempre vuelve,
a llenar el dique nuevamente,
ahogar a los que están vivos y,
cuando llegue de nuevo el momento,
matar de sed a los que vieron en ella
su sustento y su alimento.
Todo termina
para comenzar de nuevo,
nada más importa,
sólo el ciclo del lamento