El Viejo Perro.

 

El viejo perro no conocía la Luna,
jamás la había visto brillar.
El viejo perro vivía atado,
encarcelado en una perrera de cristal.

El viejo perro lo tenía todo,
comida, juegos, un techo bajo el cual dormir.
Su cadena era de oro,
¿por qué demonios iba a querer huir?

Pero un día la noche lo pilló afuera,
una noche despejada y estrellada.
El brillo de la luna asomó tras el monte,
justo donde él posaba su mirada.

Al principio la miró extrañado,
y le gruño para mantenerla alejada.
El era un perro viejo y bravo,
su trabajo era que la gente no se acercara.

Aun así la luna siguió ascendiendo,
curvilínea, brillante, perfecta.
Envuelta en un halo dorado,
iluminando todo con su belleza.

Venía de recorrer el mundo,
había dejado atrás las tierras heladas,
había cruzado los mares
y en una isla había construido su morada.

Poseía, tesoros inimaginables,
rubíes y esmeraldas en un joyero.
Un trono en la corte celestial
¿por que iba a mirar a un viejo perro?

El perro la siguió durante su ascenso,
le aulló sus verdades.
La luna ilumino sus viejos huesos,
mientras le hablaba de sus viajes.

Su luz se coló dentro de sus ojos,
y se coló por su garganta.
el viejo perro cerro los parpados,
y se dejo imbuir de su templanza.

Y la perrera de cristal dejo de ser un lujo,
y el oro de la cadena comenzó a picar.
Mientras la luz de la Luna se le antojaba,
una dulce senda para caminar.

Comenzó a bajar la luna,
a acercarse hasta el mar.
El viejo perro miro atrás
¿acaso se podría soltar?

Tiro de sus cadenas,
con todas las fuerzas que el tiempo le había dejado.
Mientras la Luna seguía bajando
El perro aulló con enfado.

Ladro y gimió con desconsuelo,
tiro nuevamente, dejando su piel en el aro,
una cicatriz se formó en su cuello,
jamas se le ha borrado.

La luna apoyo su pie en el horizonte,
estirando nuevamente sus manos.
llamándolo, por su desconocido nombre.
¿por que el destino habría de ser tan malvado?

El viejo perro siguió aullando,
mientras ella se perdía tras la montaña.
su ultima luz acaricio sus orejas.
¿que pasará si no te veo mañana?

Un ultimo aullido,
ahogado de dolor, ira y pena desgarró la noche.
Un ultimo aullido,
de la fuerza ultimo derroche.

El amó miró al cielo la noche siguiente,
mientras se preguntaba que podría haber pasado.
El cuerpo de su perro yacía vivo pero ido,
Como si su corazón y su alma estuvieran en otro lado.

Miró al cielo, donde la luna sonriente se asomaba.
y, estremeciéndose, acarició el cuerpo apagado.
¿de que servia que se hubiese quedado con él?
¿de que servía si su espíritu ya no se hallaba a su lado?

Al lado de la luna brillaba ahora una estrella,
titilaba como si saltara, como si se acercara.
cual si fuese un alma que celebrase,
como si de gozo su costado en un gesto acariciara.

Y así fueron, Luna y estrella.
a recorrer el mundo de los sueños.
El viejo perro no volvió a aullar ni levantarse,
aunque seguía ahí ya no tenía dueño.

Su alma libre voló por los cielos,
conquisto el firmamento.
Toco la luna y se hicieron uno,
y nunca más, regreso a su cuerpo.

 

 

 

 

 

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